El Festival Navideño.

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La navidad para mí ha tenido diferente tintes. La he vivido, sentido, disfrutado, odiado, y festejado de distintas maneras en diferentes momentos de mi vida. Hasta hace unos años refunfuñaba del inicio de la época de olor a Pino y villancicos. A mis veintitantos tenía la convicción que el panzón regordete de barba blanca y su equipo de Mercadotécnica con todo y Rodolfo el Reno llegaba a hipnotizarnos cada año. Puedo distinguir (ya a lo lejos) los motivos que me llevaban a pensar-sentir ese rechazo a conveniencia, es decir: No al espíritu navideño (lo que cada quien entienda por ello) y SI a las fiestas. De esos años a hoy sin duda hay pensamientos que dosifique y otros tantos encerré en la carpeta mental titulada “Nunca digas Nunca” carpeta que se ha vuelto más voluminosa con la Maternidad. Hoy día apapacho a esa joven. Y me rió un poco de ella. Al verla con mirada cristalizada con celular en mano tratando de centrar en la pantalla a su hijo vestido de Santa Claus azul.

Hoy fue el Festival Navideño en la escuela de LuisFer. Yo creo que los festivales escolares poseen ese imán poderoso, capaz de concentrar todas las lagrimas de la tierra y vertirlos en los ojos de la Madre/Padre en cuestión. ¿Exagero? Echémosle la culpa a que esta sonando Close To You de Carpenters en este momento. La realidad es que no cabemos de emoción. Esos pequeños duendecitos que apenas ayer estaban en en nuestros brazos con olor a bebé, ahora están adueñándose de un escenario. Haciendo lo suyo. Arriba/abajo/vuelta/manos arriba. Siguiendo indicaciones, participando con los otros duendecitos, con sus primeros compañeritos escolares. Con sus primeros amigos. Esos que un día le sacan la lengua y al otro abrazan, porque así es la amistad. Arriba/Abajo. Sigue la Música. Vuelta y sonrisa.

Del otro lado nosotros. Los que tratamos de llegar lo más temprano posible para sentarnos en el mejor lugar. Los que esperamos este día preparando su traje y vaciando la memoria del teléfono, porque claro, nuestros celulares están al tope de memoria por todas las fotos de nuestros críos. Los que pedimos permiso en la oficina porque este asunto es de suma importancia. Esta asistencia No es Opcional. Los pequeños duendecitos nos esperan para enseñarnos su trabajo de semanas, ensayo tras ensayo de un repertorio navideño, con un Mix surtido de géneros musicales para todo gusto. La Navidad se baila en salsa, norteña, pop y el tradicional villancico que nos lleva a balancear la cabeza con “Noche de Paz, Noche de Amor….” Todo esto,  con el único fin de hincharnos el corazón. Y tener la seguridad de que el mundo. Tu mundo. Es un lugar mejor desde que ese ser de luz llegó a tu vida. Y que la Navidad con ellos tiene el significado que tu decidas darle. Promesa-Inocencia-Pureza-Agradecimiento.

Hoy acompaño este post de una canción de 31 Minutos titulada Calurosa Navidad en versión Tributo con Furland, porque aquí en Veracruz, no hay guerras de nieve, pero hay bombas de aguaMe despido tarareando esta rolita y secándome las lagrimas de Mamá Post-Festival Navideño. Con un solo deseo: Seamos Felices.

Arriba el sol quemando nuestras calles
Calurosa Navidad, Es el sudor que moja nuestros trajes
Aquí no nieva nunca, aquí no hay noches blancas
No hay guerras de nieve pero hay bombas de agua, bombas de agua……

Gracias por Leer!

Sara.

 

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El más allá. Gracias Coco.

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Ayer domingo fuimos a ver Coco, película de Pixar. La cual nos demuestra que el arte derrumba muros, y acerca corazones. Coco es una carta de amor que Pixar le escribe a México. De todos nuestras tradiciones, engrandece el Día de Muertos, para que de la vuelta al mundo con esta dulce melodía.

Debo decir que desde mi embarazo, soy miembro honorifica del club de las Madres Chillonas, y estoy consiente de ello, porque antes de que llegara el cronopio no me recuerdo llorando en cada minúscula circunstancia de la vida, como ahora. Incluso hay situaciones en que debería de sonreír ¡Y lloro! porque también llorar de felicidad se ha maximizado desde que soy madre. Y pues si, Coco es un puerta abierta a la sala de llorar, FAVOR DE CARGAR PAÑUELOS, AJUSTEN SU CINTURONES.  Independientemente de sentir en cada poro la emoción por el increíble retrato de nuestras tradiciones. Coco te lleva a sonreír, con un guiño a tu niñez. La familia mexicana. La abuela eje de la familia, con chancla en mano y un amor incondicional. La cultura popular. Los colores de nuestras festividades. La Música tradicional: para las alegrías, para el dolor, para las bienvenidas, para las despedidas, para el ultimo adiós. En la escena del folclor mexicano, una de mis canciones favorita es La Llorona, un son del istmo de Tehuantepec que representa dolor y amor, fuerza y pasión en su letra e interpretación. Escucharla ayer fue parte del Clímax de la película. Y como cereza del pastel para su servidora, saber que la voz de Mamá Coco es nada menos que Elenita (de mis amores) Poniatowska. 

También, y aquí entramos a la parte emocional, te trae de regreso a tu presente, a tus recuerdos, a tus ausencias, a los que se nos adelantaron, a los del más allá. Los que nos esperan del otro lado del puente, pero que siguen intactos en nuestros corazones. Tal vez ahora la muerte ronda más cerca, porque los años no dan tregua y la brecha de vida, de quienes amamos, les alcanza, nos alcanza. Por ello un día, te encuentras poniendo tu Ofrenda, con Fotos, Papel Picado, Calaveritas de azúcar, Veladoras, Pan, Dulces, y sobre todo recuerdos, porque las Ofrendas están hechas de recuerdos, de suspiros y de una promesa: Volver a encontrarnos.

Coco llegó a darme una mano con mi hijo. El cual desde hace unas 3 semanas me pregunta puntualmente todos los días: -Mamá, ¿ya es día de Muertos? – Mamá, nosotros ¿estamos vivos o estamos muertos? ¿Porque nos morimos? ¿Donde esta tu mamá? Etc, Etc. Quiere saberlo todo, me escucha atento, abriendo sus ojos y siguiendo mis gestos al compás de mi respuesta, una respuesta que ya esta destinada a tener una pregunta, y así hasta que de por terminado el tema por una horas. Los días van acompañados de un soundtrack de canciones de ultratumba que le han enseñado en su escuela. Tumbas por aquí, Tumbas por allá, Tumbas, Tumbas Tumbas, Muajajajaja (cántese en voz tenebrosa).

Explicarle a un niño de 3 años sobre que representa el Día de Muertos no es cosa fácil. En su entendimiento es una combinación entre cuentos de terror, calacas y dulces. Aun así, en las noches, al final de la oración por los que estamos aquí, pide por su abuela que está en el cielo. La que no conoció, pero que sabe que lo cuida desde arriba, entre las nubes. La de los grandes ojos cafés. La que nos visitara en estos días. La que no está lejos, sino exactamente, al otro lado del camino.

Gracias por Leer!

Sara.

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La fiestecita.

Hace poco más de 2 meses fue la fiesta de cumpleaños No. 3 de mi cronopio. Este cumpleaños me tenía muy entusiasmada.  Su 1er y 2do cumpleaños, fueron eventos pequeños, en su primer año hicimos una fiesta con tema Mickey Mousse en el frente de la casa de mis suegros, y en su segundo año una piñata de Toy Story en su escuela. Así, que para su cumpleaños No. 3 en nuestra mente de padres, ya como niño más grande, participaría y disfrutaría aún más una fiesta, y así nació esta historia.

Con el Santo de cabeza.

Por ahí de enero me dije: “Manos a la obra, Operación ahorro”. Pongámonos serios en el asunto para no sentir el madrazo en la fecha. Pero aún lo veía a 6 buenos meses de distancia, así que no tenía prisa. En el mes de marzo, mi amiga Paty me dijo – ¿Ya viste el apartado del salón? – Este, No- pero seguro el salón que quiero tiene la fecha esperando por mí – (Ja) Cuando marque al salón de fiestas y pregunte por la disponibilidad de fecha la sonrisa se disolvió de mi rostro en un santiamén. Tenían todos los fines de semana ocupados hasta Diciembre, me ofrecían jueves o viernes tratando de encontrar solución a mi angustiada voz. Pero, la persona que había apartado justo el 30 de Julio aún no daba anticipo, así que tenía una milésima de esperanza, en un plazo de 4 días si no pagaban el deposito entraba yo al juego. Cuatro largos días, con el santo de cabeza, días en los que pensando el peor escenario me puse a buscar salones de fiesta, pero – Dios Santo, que caros, corrijo ¡Que pinches caros! Disculpe usted, pero hasta ese momento solo había tenido experiencia del salón de mi boda hace casi 7 años, y créanme que no fue tan excesivo como algunos salones de fiestas infantiles con los cuales me atreví a cotizar. Por algo el salón que quería me había flechado. No podía rendirme. Cuando llego el día convenido, saliendo del trabajo corrí al salón. Para mi suerte, la persona del apartado nunca llego. Así que pague el depósito sonriendo a discreción. ¡Era mío! digo, perdón, era de mi hijo.

Recordando a Cositas

La carpeta titulada: Fiesta Toy Story, existe desde el 2do cumpleaños de LuisFer. Esta carpeta virtual estaba llena de imágenes e ideas que podrían ser de utilidad para la fiesta. Google, Instagram, Pinterest y demás, son tus aliados, o perdición. Vivimos en un mundo de ejércitos de Cositas. ¿La recuerdan? Aquella dulce mujer de largas trenzas, mandil y gorro que nos enseñaba de niños lo fácil que eran las manualidades. Pero crecemos, y no muchos seguimos por el camino que El espacio de Cositas nos enseño. Hasta que nos volvemos padres, y tengamos o no destreza en el arte de la manualidad, el espíritu de Cositas se apodera de nuestro cuerpo y una vez que entra a tu sistema de padre ya no hay marcha atrás.

En las semanas próximas al día 0, los preparativos básicos fueron cubiertos. Yo como buena mamá Godínez tenía mi excel con las proyecciones de gastos, que obviamente se iban moviendo conforme iba saliendo los gastos reales. Cha me preguntaba: – ¿Cómo vamos con los gastos? ¿Seguimos en el presupuesto? y yo respondía – Claro, amor- haciendo changuitos tras la espalda. Me da risa recordar el grado de locura que llegas a presentar. Cha me preguntaba con ganas de no preguntarme. Y yo le argumentaba razones por la cual necesitábamos tal o cual cosa. A medida que nos acercábamos a “La fiestecita”  (palabra disfrazada en diminutivo para darle sencillez y/o pequeñez a las cosas en México) se iba acelerando. Creo que cuando le dije que había contratado fotógrafo, el cual incluía decoración con tema para el salón, y una posterior sesión de fotos, se dio cuenta que me había perdido.  Los números se movían. Y entonces “La fiestecita” y las promesas de inicio se  iban volando al infinito y más allá. ¿Saben que pasa? Esto de las fiestas infantiles hoy día es una bola de nieve, una vez que entras al ruedo, por más lista de necesidades elementales a cubrir, siempre hay “algo más” que no habías considerado, o simplemente “necesitas”, para TU NO FIESTA, porque claro, estamos hablando de la fiesta de tu hijo en la cual tú te estas proyectando. La realidad es que pones mucho corazón en cada detalle, y sí, tal vez enloqueces un poco,  pero es justo decir que no sucederá siempre, que nuestros niños crecen en un suspiro, y un día ya no abrazaran la piñata de su personaje favorito con alegría y emoción. Así que esta bien enloquecer un poco de vez en vez.

El día 0.

El día 0 empezó muy temprano. No les voy a venir a contar yo, que sé que muchos lectores son Master-Organizadores de eventos y conocen todo el show antes de la función, sobre todo cuando uno es el que mete mano a todo. Creo que tuve un momento de colapso en el tema de servir la comida, pero mi amiga Naivi llego a poner batuta y orden en la organización. Fuera de eso, creo yo, las habituales carreras de una piñata de mamá novata: Corre a la cocina, ¿Donde dejaste los jugos? Abrazo efusivo a los invitados. Se acabo el hielo. ¿Como va todo, necesitan algo? Corre de nuevo a la cocina. Las bajas del evento: 1) Unas 3 docenas de bolis de sabores se quedaron olvidados en el congelador. 2) Llaveros de recuerdos que hizo la madrina se quedaron guardados en una bolsa de super bajo la mesa de dulces.

Lejano a todo eso, estaba el cumpleañero. Mas allá de las locuras de su mamá y a las preocupaciones de su papá. El reía, saltaba, grita, disfrutaba. Cuando cantamos las mañanitas y soplo sus velitas con toda la fuerza de sus pulmones el estaba FELIZ, y esa era la idea. Cuando vi las fotos semanas posteriores de la piñata, solo había sonrisas de los niños y de las personas que han estando ahí para nosotros, ahora en modo: Fiesta infantil, y ese es el Plus, seguir compartiendo historias, momentos y sonrisas.

Al otro día de la fiesta, mi hijo me dijo.

-Mamá, en mi cumpleaños me puedes hacer una fiesta de Tortugas Ninjas.

-Pero hijo, ayer fue tu cumpleaños.

-Si mamá, pero para el otro.

-PLOP.

Sara.

 

La luz no se apaga.

 

FOTO FOCO PJ

Tenía como 7 años de edad, una noche mi mamá llego muy asustada a la casa. Ella había salido tarde del trabajo y tomó un taxi a casa, recuerdo que le contaba  a mi abuela que el taxi la empezó a llevar por calles solas y desconocidas. Ella al cuestionarle porque tomaba esa ruta y que no era la dirección, noto que el taxista reía, y sin más abrió la puerta del carro y se lanzó a la calle. Recuerdo que pasaron muchos meses antes que pudiera dormir tranquilamente sabiendo que mi mamá seguía trabajando, cuando la escuchaba llegar a la casa y subir las escaleras rumbo a la recamara, mi corazón de niña encontraba la calma, y dormía tranquilamente, sabiéndola conmigo.

Pero el miedo no dura mucho, y menos cuando eres joven. Cuando pisas terreno universitario la vida puede a llegar a transformarse en vivir una pequeña fiesta eterna (al menos en ese periodo) poco importaba si era martes o sábado, o que tus bolsillos estén escasos, casi vacíos. Al sonido de la música y el sabor de la cerveza la fiesta brotaba como combustión espontánea. Aquellos jóvenes que conocí y que eran mis compañeros de fiesta se convirtieron en grandes amistades, y sé que eso fue suerte, tal vez la fiesta nos reunía, pero la amistad que se forjo con complicidad y sinceridad nos mantiene unidos hasta el día de hoy. Y no, no descuidamos nunca la escuela, ese jamás fue problema o conflicto en casa, me atrevo a decir que eramos parte de una parvada de “ñoños” fiesteros. Muchas veces el punto de encuentro era el Boulevard, sentados en la que era “la barra más grande del mundo”, mirando al cielo y con el mar de frente. Éramos jóvenes, queríamos reír hasta doblarnos, bailar y hacer promesas al futuro, daba igual si nos las cumplíamos, solo queríamos ser felices. Andábamos de aquí a allá, de noche y de día, lejos y cerca, no teníamos miedo, porque hasta ese entonces nos sentíamos libres, y con libres me refiero a no pensar en que nuestras vidas corrían peligro de algún tipo.

Hace 16 años no escuchábamos de personas desaparecidas a esta escala actual, cuando más la noticia venia del norte del país, con lo que se conocería como las muertas de Juárez. Comparto la opinión de la bloguera Laura de La Moleskine de Mamá, la cual me permito citar en su frase muy acertada: “Pensaba, equivocadamente, que era una barbarie que solo sucedía allá, lejos. Y al decir lejos me otorgaba el permiso de asumir esas muertes como lejanas, en una cómoda distancia emocional que me permitía cambiar de hoja”. En ese tenor yo pensaba lo mismo, estaba lejos de esa realidad, aquí en el Estado no pasaba eso, lo repetía en mis adentros y de vez en vez en voz alta para que mi mamá pudiera dormir tranquila, cuando muchas veces yo llegaba al alba.

Saliendo de la universidad me fui a vivir a otra ciudad, caminaba sola en sus calles, así como camine muchos años sola de noche en mi puerto, a paso rápido y firme, pero con la confianza que llegaría siempre a casa. Cuando regrese a vivir a Veracruz, rente un departamento con una amiga,  para nosotras era la mejor idea posible. Te haces adulto y quieres demostrarte que estas listo para asumir responsabilidades. Al contrario de quien pensara que la fiesta continuaba, cumplir con las obligaciones de la vida adulta te va llevando a “pasar” de la fiesta poco a poco.

Una noche en el departamento, mi amiga llego a recoger unas cuentas mudas de ropa, se iba unos días a casa de sus papas, su hermano estaba desaparecido. En abril del 2007 una ola de desaparecidos nos estampo de frente con la realidad, ya no estábamos en puerto seguro. A partir de ese momento la violencia en el estado se recrudecería, el mar ya no estaba en calma, y en muchas casas la luz no se apagaba, esperaban señales, noticias, que el mar les trajera de regreso aquello que les había sido arrebatado a la mala, por la fuerza, contra el entendimiento de unos padres que nunca encontrarían la paz.

Entre el 2008 y el 2009 viví de cerca dos enfrentamientos armados. No estaba de antro, no era la madrugada, no era un lugar donde no debiera de estar. Poca importa si es de día o de noche, estamos expuestos en todo momento, en todo lugar. La primera, atravesando una calle, en la hora de comida del trabajo, eran las 2 de la tarde cuando dos carros iban persiguiéndose en una avenida del centro, el sonidos de las balas y los gritos de las personas me hicieron correr esa cuadra y tomar el primer autobús que pasaba. La siguiente vez eran las 9 de la noche, acababa de estar en casa de una amiga que vivía cerca. Mi hermana, una amiga y yo escuchamos las detonaciones estando ya en mi casa, apagamos las luz y nos quedamos en silencio, esperando que pasara pronto lo que fuera que estuviera pasando. Mis otras dos amigas estaban enfrente de la persecución, ellas se quedaron atrás de un carro estacionado y en cuanto tuvieron oportunidad corrieron a refugiarse en su casa.

Cuando platico con mis amigos, en general, todos llegamos al mismo punto. Yo se que la frase “En mis tiempos” va a sobrevivir a lo largo de la historia (junto a las cucarachas probablemente). Pero la realidad es que si hubo un tiempo, no hace mucho, que los jóvenes podían ser jóvenes. Me duele leer en las redes sociales cada historia, ser testigo como ustedes, del clamor de ayuda por parte de unos padres desesperados. Y luego, al paso de los días saber que alguien decidió arrancarle la vida, o simplemente no saber. También me duele la maldita impunidad, ¿Quien nos cuida? Nosotros mismos me queda claro.

Hay una canción original de Rubén Blades de 1984 llamada “Desapariciones”, también interpretada por los Fabulosos Cadillacs en 1992 en su álbum “El león”. Esta canción puso voz a unos padres, a unos hermanos, a unos hijos, relatando el drama y la tragedia vivida por miles de familias latinoamericanas.

Es preocupante en primer orden y triste en el siguiente, que los niños ya no puedan salir a la calle a jugar, andar en bicicleta en la cuadra o ir a la cancha de la colonia a jugar fútbol como nosotros en nuestra niñez, ¿con que confianza? No podemos, ni queremos despegar la vista de ellos en lugares públicos, más si son pequeños, los queremos pegados a nuestras enaguas, pareciera que afuera es un campo minado, y aunque la vida sigue con su relativa normalidad, la desconfianza nos acecha, y cada vez que se pierde una vida, morimos todos un poco, porque muere el futuro de nuestros hijos. Sé que es un sentimiento que no solo se presenta en México, en muchos lugares en distintos puntos de nuestra orbe, donde detrás de alguna puerta hay una luz que no se apaga.

Gracias por Leer!

Sara

Dos.

Tengo dos hijos. En orden ascedente: uno de dos meses y otro dos años. Tengo dos hijos, dos almas, dos mundos, dos sueños, dos estrellas, dos tesoros, dos magias, dos universos.

Hace 3 años ni mi esposo ni yo nos imaginábamos convirtiéndonos en papás. NO estaba en nuestros planes. Nos casamos en 2014, vivíamos en la Ciudad de México y eramos muy felices solos, corríamos mucho, salíamos de fiesta, vino, conciertos, amigos, teatro; la CDMX es una gran cuidad para solteros y parejas sin hijos, te llena de opciones y de que haceres ociosos, culturales e intelectuales. Los primeros seis meses de casados la pasamos entre el rock y el jazz brindando con cerveza artesanal y vinos caros. Todas las noches al llegar del trabajo teníamos una cita, encendíamos la consola y poníamos algún LP de nuestra colección o comprábamos uno nuevo. Una mañana, a punto de comprar un VTP para dos a Londres, me comencé a sentir mal, pensé que tenia alguna enfermedad grave, ya saben, malestar general, cansancio ilimitado, dolor de cabeza insoportable…al medio día, durante la hora de comida en la oficina donde trabajaba, les pedí a dos grandes amigas que me acompañaran a comprar una prueba de embarazo, porque, aunque nunca había estado embarazada, algo en mi interior me decía que descartara esa posibilidad. Fuimos al Samborns que esta frente a la Alameda Central, compre la cajita, no pude aguantar la ansiedad así que fui al baño del Samborns, saque la prueba, oriné en la escobita esa que traen, seguí paso por paso las instrucciones y esperé, miraba fijamente la ventanita a la que se le ocurrió asomar dos rayitas rojas.  A mis 30 años parecía adolescente preocupada, les dije  mis amigas: ¿están seguras que  las dos rayitas significan positivo?.

Uno nunca esta suficientemente preparado para tener hijos y menos si llegan de sorpresa. Esta de más decir que aquella vez cancelamos el viaje a Londres y con todo el amor del mundo recibimos a Luisito en nuestras vidas. Así como hace un par de meses volvimos a cambiar el rumbo y recibimos a Elías. Ahora sí la pandilla esta completa. Tenemos dos hijos, iniciamos nuevas aventuras y compromisos con nosotros mismos y con ellos para guiarlos y ayudarlos a crecer siendo luz, motor, bondad, justicia y sobre todo: paz.

Y ahora, que somos papás de dos, más que nunca escuchamos música, en el auto, en el baño, por las tardes, por las noches, al hacer la tarea de maternal o mientras arrullamos al bebé para dormir. La música une a las personas, las ayuda expresarse y las mantiene serenas.

Porque hasta Nietzche decía que “Sin música la vida sería un error”.

Les dejo esta canción que Bob Dylan escribió en 1973 como regalo para su hijo Jacob y que logra expresar lo que siento hoy, que soy mamá de dos.

“…Que construyas una escalera a las estrellas
y subas un peldaño cada dia.
Que siempre permanezcas joven
siempre joven, siempre joven,
que siempre permanezcas joven.

Que crezcas siendo buena persona
que crezcas siendo fiel
que siempre digas la verdad
y veas la luz a tu alrededor.
Que siempre seas valiente
permanezcas firme y fuerte.
Que siempre permanezcas joven

Cris.

Las canas no son verdes.

22-Abr-2016Mamm

Recuerdo a mi mamá repetir con seguridad y promesa – Me vas  a sacar canas verdes. Estoy segura que 99.99% de mis contemporáneos lo escucharon en sus vidas, así como nuestros padres y los padres de nuestros padres. En mi vida, las canas iban a aparecer en algún momento, y serian verdes porque los hijos sacan canas verdes, tal cual predicción apocalíptica. Así debía ser porque mamá lo decía.

La cana tímida.

Cuando tenía 29 años aparecieron unas tímidas canas, yo no me había percatado de ello hasta que alguien con visión óptica de superhéroe y ganas de fastidiar al prójimo miro mi cabello con total detenimiento y las vio, brillando con el sol. Desde ese día  fui consciente de que la ausencia de melanina me saludaba, así que han estado presentes de manera aleatoria coexistiendo con sus hermanas las pigmentadas. En algún tiempo las ignore suficiente como para no teñirme el cabello por 2 años, que fue la etapa del embarazo y el primer año de vida de mi cronopio.  Un día volví a reparar en su presencia. Ya no eran tan tímidas como al principio,  eran más, y ya podía contarlas con los dedos de las dos manos. Yo ya era mamá y las canas no eran verdes, eran grises,  y seguían brillando con el sol.

No le he dicho a mi hijo que me va a sacar canas verdes, primero porque ni entendería, me vería entornando sus ojos y diciendo – ¿Qué dijiste mamá?- Sin embargo, la frase rememora mi adolescencia cuando mi mamá me lo decía – Me vas a sacar canas verdes Sara Victoria. (Tip para los papás principiantes como yo, la pronunciación del segundo nombre siempre impactara y hará cimbrar el remordimiento juvenil). Y segundo, porque partiendo del primer punto, aún esta pequeño para atribuirle culpabilidad respecto a que a su mamá “le salieran canas verdes”, y en general porque espero nunca atribuirle culpabilidad alguna, ya suficiente con el mundo patas arriba que les estamos dejando.

La hermandad de las canas verdes.

Las canas ya son tema oficial en conversaciones, y de esta hermandad pocas se salvan. ¿Quién tiene más? ¿Quien se acaba de teñir el cabello porque las canas no dan tregua? ¡Es genético! ¡Yo no tengo canas, y a las pruebas me remito! El ánimo da para poner un buen clímax en la conversación y terminar con: Júbilo a quien reatifica su juventud o con un suspiro a quien le gana la melancolía de los años.

Ayer en la oficina me mire al espejo y vi que de mi chongo torniquete saltaba una  cana como resorte en medio de mi cabeza. Media 2.5 cm por lo cual se levantaba con cierta gracia al aire, la cana justiciera, aquella que se alzaba en nombre de las canas revoloteadas y perdidas en el cabello. Sin más la separe y extraje, procedimiento habitual de extermino rápido, a pesar de que según lo que la leyenda cuenta, por cada cana que arranques, siete nuevas vienen detrás (aquí música de la dimensión desconocida).

Que aparezca cabello gris en tu “joven” cabellera solo es un proceso genético que tarde o temprano todos empezaremos. Además, Nunca seremos más jóvenes que hoy, y esa es una promesa.

P.d. En el espacio musical de hoy nos ponemos retro con Alphaville con un sencillo de 1984 para la desbordada y joven Generación X.

Gracias por Leer!

Sara.

 

La Muy Muy.

En mi post titulado “El pinche gato” comentaba mi sentir cuando tienes un día con una nube gris arriba de ti, te mueves a la derecha, se mueve contigo, corres a la izquierda y corre a la par la condenada. No da tregua, maldita. Entonces recordé este episodio en mi vida de hace unos meses, y me reí.

Una noche calurosa (así inician todas las historias en Veracruz) fuimos a buscar a mi esposo al aeropuerto, como era justo sobre la hora de dormir de mi hijo, pensé que el sueño le vencería en el trayecto, así que le puse su pijama de monstruos de colores para ir por su papá. Yo me puse un jogger negro (unos pants ceñidos que recién había comprado) una playera con el estampado del señor cara de papa, que Cha y Fer me regalaron en mi cumpleaños No. 33. Tenis, porque se han vuelto mis mejores amigos para las carreras de la maternidad, y la ya conocida mochila verde de dinosaurio, equipada para cualquier contingencia requerida. Para cualquier contingencia menos lo que iba a ocurrir a continuación…

 

Yo me sentía La Muy Muy – A veces pasa, te sientes una mamá chida. The coolest mom in the universe – Hay quienes prefieren tacones y maquillaje, lacio perfecto y bolsa que combine con los zapatos. Otras mamás que se visten a juego con sus hijos y disfrutan el proceso de crear ese match.  Mamás vaciladoras que usan playeras musicales, jeans, tenis y/o zapatos de piso. En fin, en este universo de maternidad existimos de todo tipo. Definitivamente no importa que te cuelgues o te dejas de colgar el molcajete, tú también te has sentido La Muy Muy caminando de la mano de tus hijos. Como yo esa noche.

Como todo niño en un amplio espacio, mi cronopio enfilo la carrera, por ser pasadas las 9 pm, había poco tránsito de personas, pero si lo suficiente para que este texto se desarrolle. Andábamos de aquí para allá, entre la terminal de pasajeros y la pequeña zona de cafetería que era la única que permanecía abierta. Mamá e hijo esperando que llegara en cualquier momento el avión que traía a papá de regreso. Cuando en eso, una señora  que ya había visto afuera de la cafetería muy enternecida mirando la escena del niño de la pijama de monstruos y la señora cara de papa ( o eso creía yo) se acerco y me dijo:

 – Muchacha

-Si dígame (con una amplia sonrisa)

-Tu pantalón se rompió de atrás

– No!

– Si!

-Gracias. Adiós La Muy Muy. Hola señora avestruz, ¿Dónde meto mi cara?

En ese momento yo estaba de cuclillas con LuisFer. Me pare despacio, aguantando la respiración, pensando que tal vez el pantalón se rompería más si respiraba, si me paraba rápido. Tome a LuisFer de una mano y de la otra jale por detrás de la playera. Pobre señor cara de papa, lo deforme en una milésima de segundo, jalando fuerte tratando de cubrir el área en cuestión. Pero ya era tarde. Primer punto: Maldecir a la tienda donde compre el pants. Segundo punto: ¿Que calzón me había puesto hoy? Piensa, Piensa y rápido. La respuesta fue el rosa, El calzón rosa había sido visto por la gente del aeropuerto.  Yo, que me creía La Muy Muy, corrí a pararme justo al lado del cajero automático, como escolta de seguridad. Yo que pensaba ver a mi cronopio salir corriendo cuando apenas divisáramos a su papá  ahora lo tenía preso de una mano, suplicándole en modo de susurro -Quédate aquí – No, espera -No nos vamos a mover – Ayuda (dejando la expectativa en el piso).

Mensaje de Texto: Cha! No me puedo mover, estamos junto al cajero. Besos, Sara.

¿Y la Nube gris de hoy? Pues no ahuyente a la condenada pero de tanta risa reventó.

Acompaño este post de una canción de Belle & Sebastian justo con el título que encaja hoy “Expectations”. Disfrútenla!

Write a song, I’ll sing along
Are you calm? Settle down
Soon you will know that you are sane
You’re on top of the world again ….

Bienaventurados 3

Hola hijo, hoy estas cumpliendo 3 años. Pensando en que regalarte de cumpleaños, se me ocurrió escribirte estas palabras, para que algún día, en muchos o pocos años, regreses siempre a este día. ¡Feliz Cumpleaños!

La 209.

El 30 de Julio del 2014 estábamos listos para conocerte. Yo pensaba que en ese momento seria un manojo de nervios, pero al contrario de mis predicciones solo un sentimiento me inundaba camino al hospital: Emoción. En mi mente la escena se repetía desde semanas antes a tu llegada. El doctor de bata blanca y ojos bonachones se acercaba a mi y me decía – Te presento a tu hijo – y yo imaginaba contestar – Hola, hijo bienvenido, y otras frases cursis y profundas que tenia preparadas. Lo cierto es que pocas veces en medio de grandes momentos las cosas “salen” como las vives mentalmente. Ya estando en el quirófano vi a tu papá salir corriendo por mi inhalador por si se ofrecía un jalón (por aquello de que apretara el pecho) y en medio de una platica sobre fútbol del doctor de ojos bonachones y el escuadrón de pijamas color verde, llegaste al mundo. Cuando saliste de mi y te pusieron sobre mi pecho por unos instantes, solo atine a decirte – Dios te bendiga hijo- Supongo que existen momentos que puedes repasar mentalmente mil veces, pero a la hora de la verdad solo saldrá de ti el deseo mas puro del corazón. Y así fue. Acto seguido regresaste con el doctor para terminar de hacer tu registro. Ciudadano del Mundo. ¡Bienvenido- Welcome!

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Instalados en la habitación 209 tu papá te recibió de los brazos de la enfermera. Cierro los ojos y me encuentro en aquella habitación, con la torpeza de la anestesia pero con la felicidad de saberte ya con nosotros. El verte tan chiquito en brazos de tu papá es de los recuerdos que atesoro. Contemple aquel cuadro hasta que papá te acomodo en mi regazo. En ese momento me lleve al puño a la mano como suelo hacer cuando estoy buscando en silencio el orden de los pensamientos y las palabras. ¿Sabes? Yo creo que de cierta manera, si, estaba buscando el orden de las palabras para empezar a escribir el capítulo más hermoso de mi vida. Mamá y papá estábamos destinados a recibirte y tu estabas destinado a cambiarnos la vida.

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Bienaventura.

Bienaventura significa fortuna y felicidad. El día que naciste, no solo mamá y papá estaban esperando tu llegada, dentro y fuera de habitación 209 había muchas personas que esperaban conocerte. Te digo esto para que sepas que eres un niño con mucha Fortuna. En tu vida escucharas muchos significados sobre ella. Pero quiero que sepas para mí lo que representa. Fortuna es que estés rodeado de personas que están atentas a tus pasos, a tu cobijo, a tus tristezas y a tus alegrías. La fortuna te acompañara en medida que correspondas en amor, mantenlo presente en tu corazón.

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Soy tu mejor amigo.

Hace una semanas mientras jugábamos arriba de la cama me viste muy serio y me dijiste: – Mamá eres mi mejor amigo-. Yo te conteste con la misma seriedad que reclamaba tan enorme investidura – Si hijo, soy tu mejor amigo – Y seguímos jugando en la cama-barco donde estábamos a salvo de los cocodrilos que merodeaban en el piso-mar. Como tu mejor amigo prometo escucharte y poner atención a tus silencios. Pero ¿sabes que más? También prometo que tendremos largas conversaciones y regañarte cuanto sea necesario. Es trabajo de mamá ser buena y “no tan buena” a veces, ahora no lo entiendes y me preguntas – ¿Porque estás enojada mamá? Pero con el tiempo entenderás que siempre será porque te amamos. Junto a tu papá trataremos de hacer de tu camino en este mundo un viaje de color y alegrías, tanto como podamos ayudarte a construirlo. En varios años, te tocara a ti seguir ese camino por cuenta propia. Quiero que sepas que aunque a veces resulte difícil este trayecto en la medida en la que crecemos, estoy segura que encontraras la forma. Yo estaré ahí para ti, siempre. Palabra de mejor amigo. Con los años recordare el día que fui nombrada tu mejor amigo, y cuando leas estas lineas, recuerdalo tu también.

Hace 1095 días llegaste a este mundo. Con Tres vueltas al Sol y una melodía desafinada inicia tu cumpleaños. Sé feliz ♥

Te amo siempre. Mamá

 

Sara.

Mar Adentro.

foto 1El pasado 6 de Julio se inauguró la librería Mar Adentro ubicada en Esteban Morales, justo al lado de Bachilleres de Veracruz y frente al Archivo Histórico de Veracruz. Emblemáticos edificios que datan del siglo XVIII y que constituyen un importante escenario de la historia del Puerto. Así de bien cobijado se encuentra Mar Adentro.

El domingo fue el día elegido por la familia para ir a visitar la librería, cruzando la puerta nos recibió con una amplia sonrisa Victor Peralta, (quien mas adelante sabríamos que funge como gerente de la librería).

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Desde que pones un pie en el recinto, es una invitación al romance literario. La primera planta evoca la arquitectura colonial del Baluarte de Santiago o San Juan de Ulúa con Paredones de piedra labrados de mar y de historia, acompañado de olor a madera, vainilla y cafetal. Precisamente entre paredes de piedra se encuentra una intima cafetería donde observe a varias personas degustando un café con libro en mano (el paraíso de un lector).

La segunda planta tiene vida propia. Cuenta con una pared musical con numerosas jaranas presentadas a la vista, esperando silenciosas el momento de brindar alegria al compás del son jarocho. Ahí mismo se encuentra el área acondicionada para niños. Para mi fue muy significativo que Victor Peralta nos alcanzara en el 2do piso  y abriera un libro infantil de su envoltorio plastificado para que yo le pudiera leer a mi hijo. En ese nivel de confianza nos tumbamos en los tapetes de colores para leer “Intercambio Cultural” de la escritora Isol de editorial Los Primerísimos.

foto 4Les confieso que ya iba emocionada, pero la realidad supero la imaginación de lo que encontraría. Mar Adentro resultó ser más que una librería. Era un cofre de tesoro, donde LuisFer estaba disfrutando como un niño de 3 años entre libros. En ese momento supe que tenia que escribir de la visita, y aunque no iba preparada con papel y lápiz (llevaba en cambio una mochila verde de dinosaurio en mi espalda con toallitas húmedas) me acerque a decirle a Victor Peralta mi sentir y a preguntarle que representa para ellos Mar Adentro. Me dijo, con la misma sonrisa cálida con la que nos recibió, qué para el equipo que conforma Mar Adentro establecer un linea abierta entre la cultura con sus diversas manifestaciones y la juventud veracruzana representa su principal compromiso social. Partiendo de esto, tienen muchos proyectos en puerta. Estarán realizando visitas a escuelas y organizando círculos de lectura, talleres, exposiciones y un sin fin de actividades que irán haciéndonos saber sobre la marcha. Se unió a la platica Rafael Blanco, Director General y Capitán de tan admirable proyecto, quien me dijo textual – Por favor escribe que están todos invitados a venir a leer. – Si, así tal cual, ir a leer, sentirse libres de tomar un libro de cualquier estante y disfrutar de una placida lectura en las instalaciones. Pueden encontrar temas para un sin fin de gustos: Literatura, Historia, Periodismo, Crónicas, Infantiles, etc. La única petición: Cuidarlos para preservar su estado, ya que se han dado a la tarea de contar con ejemplares antiguos y de valor histórico en sus repisas.  De costos, bueno les diré algo, yo compre 2 libros para LuisFer y dos libros para mi, por $ 170.00

foto 3Estoy segura que para muchos la apertura de Mar adentro es motivo de júbilo. Muchos lectores buscan ese sentido de pertenencia a un espacio donde rendirse a la melancolía de la literatura. Y saben que, andar en sus pasillos es un guiño puntual a nuestro bello Puerto de Veracruz. Mi sentir como lectora es alegría, mi sentir como mamá es esperanza, de saber que se crean espacios para invitar a la juventud a adentrarse en un mar de historias. Historias al alcance de un libro.

Navegar en un mar de letras no te promete un mundo de felicidad porque vaya que se sufre en compañía de sus personajes en muchas ocasiones. Pensemos en las tragedias que acompañaron a “Los Buendía”, por Cien años. Si, un libro no te garantiza un mundo de felicidad, lo que si te asegura es navegar a puerto seguro a muchas vidas y esa, es precisamente su grandeza. 

Quiero agradecer la fotografía que acompaña este texto tomado por el lente de Moisés Núñez Ávila en Mar Adentro. Contacto: moinavila@gmail.com

Para acompañar de manera musical este post les dejo “Mi tierra veracruzana” del disco de Musas de Natalia Lafourcade.

Gracias por Leer!

Sara.

 

Nada dos veces.

Les comparto esta historia que escribí desde el hospital, el día siguiente de que nació mi segundo hijo, de eso apenas un par de semanas:

Siento que me dieron una paliza, afortunadamente nunca me han dado una, pero seguro se siente como me siento hoy: ayer tuve un hijo.

Mi primer hijo nació hace poco más de dos años, al sur de la Ciudad de México, después de doce horas de trabajo de parto, un bloqueo al sexto centímetro de dilatación que hizo que  entrara la sala expulsión mientras cantaba “Take me out” de Franz Ferdinand, la cual sonaba justo cuando me decían “puja por última vez y nace tu bebé”, gracias a las bocinas y el Spotify de la doctora auxiliar de mi ginecólogo (rolita que estuvo muy “ad hoc” a la ocasión); sí, sí sentí dolor, me recuerdo en algún punto pedir con énfasis (y quizás alguna suplica) que trajeran al anestesiólogo. Una no sabe  que es una contracción de parto hasta que la siente, no importa todo lo que leas y todo los cursos que tomes, porque como han de imaginar, al tratarse de mi primer embarazo, obvio, tomé clases de yoga prenatal y preparación para el nacimiento, leí mil artículos sobre meditación, respiración y no se cuantos chunches más- reforzando todo mediante un mantra budista que aprendí mientras leía el libro “De que hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami, (porque justo antes de embarazarme, estaba entrenando para correr mi primer maratón) el cual dice: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Nada de todo eso me sirvió lo suficiente en el momento de la verdad, pero cuando llegó la bendita epidural, me hizo creer que los partos en estos días son una fiesta. El anestesiológo era un santo, alto, como de unos 60 años, con barba y cabello blancos y risa escandalosa, todo un San Claus chilango, con magia poderosa que hacía desaparecer el dolor.

Mi segundo hijo nació ayer, sí, hace menos de 24 horas, de hecho justo ahora espero a mi esposo para comer juntos e irnos de alta a la casa con el nuevo integrante de la pandilla.

Mi primera experiencia me hizo alardear de tranquilidad y profesionalismo en el arte de traer bebés al mundo, pero es un hecho que en la vida nada se repite exactamente de la misma manera. Esta vez sucedió en Veracruz, en  san lunes, fuimos a una consulta de rutina ya con 38 semanas, el ginecólogo al revisarme me dijo que fuera a casa por mis cosas porque tenía tres centímetros de dilatación y ya debía quedarme; como toda una experta, me regrese a casa manejando con toda la calma del mundo, tome las maletas, me alcanzó una hora después mi esposo y nos fuimos juntos rumbo al hospital, a las 2:30 p.m. ya estaba en mi habitación, llame al restaurante y pedí un “Chai frappe  grande con leche deslactosada”, (menciono esto para que puedan comprender el nivel de control y tranquilidad que manejaba), llegaron los médicos, platicaron conmigo para contarme como estaría todo, según mis cálculos y sus cálculos, al ser un segundo parto, como a las 8:30 p.m. estaría naciendo: Ja.

Como en mi experiencia anterior, llegó otro hombre mágico, pero este no tenía poderes de anestesia, el Dr. Emilio, ayudante de mi ginecólogo, con 30 años de experiencia en partos y cesáreas, era además de buen médico, una especie de chaman mental, quien en 20 minutos me dio una platica maravillosa sobre respiración y auto-control que me sirvió mil veces más que los cursos hippies que tome en la  Col. del Valle y la Roma en la Ciudad de México hace un par de años.

Para no hacer el cuento largo, comencé a tener contracciones efectivas a las 4:00 p.m., el dolor aumentaba y mi auto control se estaba yendo a la mierda. Estaba segura de que ese dolor no lo había sentido antes, respiré y medité siguiendo todas las indicaciones del Dr. Emilio, pero llegó un punto en el que le dije a mi esposo: “Amor, de verdad es mucho dolor, mucho más que la vez pasada”,  le llamó a los doctores, a las 5:30 llegó el Dr. Emilio, me revisó y dijo: “está casí completa, ¡hay que bajarla ya!”. 

-¿Como que casi completa? ¿Completa de que? ¡Nueve centímetros! los bebés empiezan a salirse a los diez– Pensaba mientras me trasladaban a la sala de expulsión.

Pues nada, eso es lo que estaba entendiendo de todo esto, que aún con una experiencia de parto previa, yo no sabía NADA.  Ahí estaba yo, mis ginecólogos, las enfermeras, el Dr. Emilio, mi esposo, todos ahí, apoyándome, menos el anestesiólogo…-“¿Donde esta el anestesiólogo”- Grité. Si leyeron bien: Grité. Para mi mala fortuna, anestesiólogo que estaba programado en mi parto no estaba aún disponible ya que se había programado para atenderme a las 8:00 p.m., así que llamaron a otro que  en ese momento se estaba trasladando al hospital. Llegó justo cuando estaba naciendo, la anestesia ya no hizo la magia que tenía que hacer, esa que yo esperaba, la que había vivido en mi parto anterior, así que todo fue más natural.

Nunca olvidare lo que se sentí cuando la cabecita de mi hijo empujaba hacia afuera: ¡dios mío!.

Mi esposo dice que había un buen sountrack acompañando mi aventura, que sonaba buena música  en las bocinas de la sala y que al pujar por última vez me hacia el honor “(I Can’t Get No) Satisfaction” de los Rolling Stones. Yo ya no escuchaba nada, mi mente estaba en otra parte, pero he de confesarles que, aunque apenas fue ayer, ya recuerdo poco del dolor. El parto es tan agotador que te sientes feliz solo porque ha acabado, pero la verdad es que cuando más feliz te sientes es al ver que tu hijo aparece por fin y te lo ponen sobre el pecho, aún húmedo, recién salido, como un milagro. Da igual que el parto haya durado 48 horas o 20 minutos.

Supongo que igual sucede con una cesárea o dos. El dolor nunca es el mismo. Como dice este fragmento del poema “Nada dos veces” de Wislawa Szymborska.

“Nada dos veces

Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá.
Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
nunca más repasaremos
ningún verano o invierno.

Ningún día se repite,
no hay dos noches iguales,
dos besos que dieran lo mismo,
dos miradas en los mismos ojos.

…”.

Les dejo las dos canciones que me acompañaron  en esos dos momentos tan importantes, para que las disfruten.

Cris.