F con la a, Fa.

Llevo varios días sin entrar a las clases en línea de los niños ni hacer tareas, no me juzguen. No es por falta de respeto a los maestros que en realidad los admiro y los extraño infinito en sus clases presenciales y se que ponen todo su esfuerzo en las clases en línea y en la planeacion de sus tareas. Pero hay días en que no se puede más, y así fueron esos días. Días en los que no quise batallar con mi hijo mayor para ver los videos de su clase de inglés ni con el menor cuando no quiere seguir las instrucciones de la maestra. Ya acepté que el mayor no va a aprender a leer durante la pandemia y el menor que esta en maternal pues…maternal ni siquiera es un grado real dentro de preescolar.  Porque el trabajo en Homeoffice ha sido más estresante que el presencial, uno podría no acabar nunca y acaba menos cuando tu pequeño de casi tres años le revienta, espontaneamente con la hebilla de un cinturón de su papá, que encontró en su camino, la pantalla a la laptop que te prestaron en la oficina y que ahora tienes que mandar a reparar. Porque las preocupaciones de todo lo que puede ocurrir y hasta lo que no, te invaden la mente de repente y tomar las clases en línea cantando F con la a, Fa, F con la e, Fe, no hacen que tu mente se sienta más afortunada. ¿Como será para un par de pequeños de 5 y 3 años estar encerrados desde que despiertan hasta que se duermen sin ver a sus amigos, a su abuela, a sus primos, sin ver el mar?…supongo que será digno de contarse en el futuro. Tal vez se dirán con sus amigos o con sus parejas: ¿te acuerdas de la pandemia del COVID-19 y de como vivimos encerrados durante un año?. Aunque los míos son tan pequeños que quizás ni se acuerden de esto concientemente y su papá y yo tendremos que recordarles.

Esta noche de domingo, con optimismo les digo que a partir de mañana ya tomaré de nuevo sus clases en línea. Porque al menos escuchar el cuento del día de la voz de su maestra en vez de provenir  de mi voz cansada ya por la noche, les ha de hacer bien a sus mentes agotadas de esta situación que a sus pequeñas edades no comprenden.

Escribo esto mientras en la televisión una afortunada Peppa pig se encuentra en un dia soleado saltando en charcos de lodo con sus amigos mientras sus papás hacen un asado en el patio trasero y el Capitán Perro volvió a casa después de andar un año y un día navegando por el mundo y abraza a su familia sin tapabocas ni careta protectora.

Les dejo por aquí (porque al menos a mi me hace bien leer poesía en el confinamiento) un fragmento de “Nada dos veces” escrito por una de mis poetas favoritas, Wislawa Szymborska:

“En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

…”.

Y al capitán Perro.

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Lo que el COVID se llevó.

LO QUE EL COVID SE LLEVO

He tenido muchas semanas de insomnio, que si las junto en un costalito se vuelven meses. Y si me atrevo a ponerle nombre al motivo de mis desvelos se llama: COVID.19

En medio de estos desvelos, con los ojos a media asta pero la mente a tope, de repente me encontré en un sueño vívido, Y en medio de una plantación de algodón de alguna ciudad sureña, levantando mi vestido de época en un escenario más dramático que romántico. Escuche el dialogo final de Rhett y Scarlett O´Hara.

-“Si tú te marchas, ¿qué va a ser de mí?”

-Francamente, querida, me importa un bledo”

Y como Scarlett de pronto me siento desamparada mirando como se pierden en la neblina la uniformidad de mis antiguos días, viendo como la vida que conocía se va de mis manos con total indiferencia. “Francamente, querida, me importa un bledo” vuelvo a escuchar. Y solo me queda seguir de pie desde la puerta, añorando que regrese. Cerrando la escena, con un buen monologo, un suspiro y una promesa: Después de todo, mañana será otro día”……

El COVID se ha llevado entre muchos cosas, nuestra libertad. La libertad de movernos, la libertad de encontrarnos, la libertad de fundirnos en un abrazo. He visto a mis dos mejores amigas para intercambiar objetos a 1 metro de distancia. Abrazándonos con la mirada. Y es que si bien, tener la facilidad de estar en casa cuidándonos es una fortuna, estar encerrados nos está enloqueciendo. Nos hacemos falta. Y lo único que deja libre es que salgan nuestros propios demonios a corretear por toda la casa, incluso antes de desayunar.

Los planes se postergan, se alargan. Los semáforos nos marcan el camino. Rojo. Alto. Siga confinado. Aún cuando me da optimismo que varios países ya estén de regreso a la “normalidad.” En México hoy día nos encontramos en el punto más alto de la pandemia y no creo que nuestras negligencias sociales nos permitan siquiera tocar el amarillo en los próximos días. Lo jodidamente simpático -sarcasmo- Es que en este punto, es cuando veo a más personas autoinstalandose un semáforo verde en su cotidianidad. Carajo, libre albedrío.

En cuanto a los niños. Me quitó la ceremonia de graduación de Kinder de Fer. Si, lo sé. Kinder! -“Habrá otras cierres de curso.” Por favor, no se lo digan en voz alta a una madre si así lo piensan. Recogí los cachitos de mi corazón roto cuando la directora de su escuela detallo los pormenores de una Graduación por Zoom. Cuando lleguemos a ese distópico día, sin duda merecerá un post completo. Te odio Covid.

El virus se ha acercado peligrosamente estos últimos días a cada uno de nosotros. Se ha llevado nuestra calma y ha instalado su base operativa de miedo e incertidumbre en nuestro ser. No quiero decir que todos los días tengamos un miedo latente, pero se estanca en nuestras debilidades. Insomnio, stress, dolor de cabeza, mal humor, demonios libres.

Y yo como Scarlett O´Hara. Cierro esta escena con un suspiro y una promesa: Después de todo, mañana será otro día”….   No se cual, no me lo pregunten, esta claro que no lo sé.

Gracias por Leer.

Sara.

 

 

Fotoarte: Esmeralda Ordaz. Internet

Estos días de Fuego.

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La cuarentena

Llevamos más-menos 2 meses de cuarenta. Confinados en paredes físicas y en un confinamiento mental, lidiando con otras versiones de nosotros mismos que tal vez no conocíamos. No estábamos preparados para vivir una Pandemia. Nuestras rutinas han adquirido nuevas formas y un nuevo espacio. Hacemos todo en casa, y parchamos nuestros días entre seguir siendo profesionistas y ser mamás 24/7.

Nuestra “normalidad” nos esta conduciendo hacia el desastre. Hemos normalizado las acciones humanas que nos están llevando de picada. Apenas estamos en el Mes 05 y el 2020 sera recordando como un Hito en la Humanidad. Hemos ido a la Luna y tenemos sondas espaciales que en este momento están viajando por el Cosmos. La medicina y su continua investigación dan más esperanza de vida que nunca. Sin embargo, aun como hace 100 años con la Gripe Española, tenemos que quedarnos en casa en cuarentena por un virus que esta desatando una ola de miedo e incertidumbre en todos los sectores y en todos los estratos económicos. Ante el COVID la teoría del queso suizo acertó –todo lo susceptible de fallar, falló, y muchos países, NO aprovecharon aquellas primeras crisis para  prepararse ante lo inevitable. En México nuestro presidente saco “Medallitas milagrosas” ¿Rompase en caso de incendio? Y salio a la luz publica que en México primero rezamos y luego volteamos la mirada a nuestro indefenso primer batallón: Nuestro sector salud.

La semana no sucede en el orden que creemos.

Yo he llevado días con una idea sobre el tiempo. Me siento en una dimensión, donde tal vez 1 día puede durar 48 horas o 1 día donde transcurren 3. Los días de la semana han perdido un poco de sentido y estructura, y siento que estuviera atrapada en el cuento de Elena Garro “La semana de colores”. Estoy parada en la casa de Don Flor, abriendo una y otra vez las mismas puertas, y no logro abrir la puerta donde yacen adormecidos Sábado y Domingo. Los días donde paseábamos viendo el Mar, o hacíamos el super con los niños montados en el carrito de despensa, girando a su alrededor emulando bailar una melodía pagana cuando sonaba una canción que me gustaba. Se extraña aquello que llamabas con desdén rutina. Y en todo este encierro “La semana no sucede en el orden que creemos” Sin embargo, los días siguen, en una nueva lógica terrestre. Y solo la Luna y sus fases cada noche me recuerdan que el tiempo avanza. Mientras la Luna nos observa, inmutable a nuestro mundo. Un mundo que baila al borde del precipicio.

Estos días de Fuego.

Mientras trato de abrazar los restos de mi lógica de espacio-tiempo. Me doy cuenta que los días están hechos de fuego, y sea cual sea el día en el que amanezca, me queman. Y corro a sentarme a escribir para apagar las brasas que se encienden en mi mente y en mi ser. Lance la pregunta al aire, tratando de aterrizar de la única forma que me encuentro. Escribiendo.

Me queman los abrazos pendientes.

Me quema la ansiedad de familias separadas.

Me quema la distancia que nos separa.

Me quema la incertidumbre económica y laboral .

Me quema la poca visión al futuro.

Me quema el Gobierno, me incendia su falta de criterio y sus absurdos.

Me quema mi eterno sentimiento de culpa como madre. Me quema pensar que nunca hago lo suficiente.

Me quema que termine el día desgastada, intolerante y muy cercana al lado oscuro.

El Fin.

Antes de terminar este post pregunte que día era hoy. Me dijeron que Miércoles. Pero después de este acto de desahogo, me sabe a Viernes, y me sabe a lluvia cayendo sobre mi.

Gracias por Leer.

Sara

 

El 9 de Marzo. La hibernación del cromosoma XX

Hace unas semanas empecé a leer el libro Bellas Durmientes de Stephen King. El prólogo te invita a reflexionar, ¿Qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? Y con esa frase entre a esta distopía feminista que me mantiene al filo de mis pensamientos.  ¿Qué pasaría si no estuviéramos? Si entraramos en un sueño profundo, en una especie de hibernación únicamente del cromosoma XX.

Días después de que empecé el libro, nació la convocatoria al Paro del 9 de Marzo. Llegó el hartazgo. Pero antes de eso, mucho antes de eso, llegaron las muertes, los secuestros, las violaciones, las desapariciones, las violencia de genero. Las familias mutiladas. Y entonces iniciaron las protestas, y da igual si han sido pacíficas tomadas de las manos, o si en el camino hemos rayado monumentos y destruido objetos, da igual porque  todo ha sido válido ante los ojos de una madre que perdió a su hija, a la cual apenas pudo reconocer porque fue salvajemente asesinada: por ser niña, por ser joven, por ser independiente, por salir de noche, por ir a la escuela, por ir al trabajo, por ir a correr, por tomar un taxi, por encontrarse con sus amigas, por decir que no, fue asesinada por ser Mujer.

Se convocó entonces a no movernos, un día, solo un día, en estado de hibernación, nosotras, las del cromosoma XX, porque esta lucha nos pertenece. Pero al contrario del libro Bellas Durmientes, estamos más despiertas que nunca, más presentes que siempre. Estamos construyendo un capítulo, y vamos a escribir en roca que no estamos dispuestas a vivir con miedo. Estamos gritando con fuerza, porque estos días hemos revivido y compartido todas las veces que hemos sido quebrantadas.  Estamos despiertas y hasta la madre de vivir así. El 9 de Marzo decimos BASTA en silencio en nuestras casas, pero es un silencio  que hará eco en nuestro país.

Sara.

 

 

Los recuerdos.

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Estoy sentada en un pequeña silla en un angosto pasillo. Mi tía y abuela ya regresaron a la casa y yo me quede sentada en la silla con respaldo a la medida, de mis casi 5 años. La luz me da en la espalda, pero el Sol ya se está ocultando, sus últimos rayos me abrazan, y yo siento un calor que se va diluyendo poco a poco, como si el día se despidiera lentamente de mí. Mi mamá me acaba de cortar el cabello a la altura de mis orejas, y no dejo de atrapar el cabello tras de ellas, una y otra vez. El pequeño pasillo se va oscureciendo, y yo no puedo moverme. No sin antes prometerme que recordare justo este momento, siempre, sin importa aquello que dicen, siempre voy a recordar.

Horas antes.

Las escuche decir que los niños no recordamos lo que sucede en los primeros años de nuestras vidas.  Me lo dijeron viéndome a los ojos, asegurándose que las palabras entraran por mis ojos antes que por mis oídos.  No siempre me toman en cuenta en sus largas conversaciones en aquel pasillo. Muchas veces solo permanezco sentada en esa pequeña silla, y últimamente atrapar mi cabello tras las orejas es lo mas divertido de las tardes. Hablan de tantas cosas de adultos que a veces es demasiado aburrido. De repente me reprenden entras las pausas que toman para tomar aire y seguir hablando de los temas en cuestión. -No juegues con la silla. Las niñas no juegan con su vestido. Manten las rodillas juntas al sentarte. Entonces yo prefiero imaginar que estoy en un cuento, como aquellos que me acaba de regalar mi mamá y con los que estoy aprendiendo a leer : A del artista que pinta a modelos con flores. Tribilin el retratista se baña de muchos colores.

A veces cuando no quieren que escuche ciertas conversaciones hablan en ese lenguaje secreto donde meten la P o la F en las palabras. Piensan es super secreto, pero creo que con el paso de las semanas, voy descifrando con más facilidad las palabras que esconden en ese raro intercambio de información. No se porque los adultos ocultan información, y no lo entiendo ahora, que dicen que los niños a mi edad olvidan, entonces para que esconden las palabras, si tal vez mañana no recuerde que la vecina del callejón se fue de su casa sin casarse. Dicen que empezamos a recordar de más grandes. Pero yo no les creo. Como podría olvidar justo este momento, que estoy prometiendo recordar toda mi vida. Justo aquí, sentada sintiendo los últimos rayitos de Sol sobre mi espalda, esta tarde de Abril.

Entonces lo prometí, no se si los adultos se prometan a si mismos recordar, yo creo que ellos recuerdan todo el tiempo, porque a veces los observo viendo hacia el frente, sonriendo como si el aire les susurrara algún chiste. Y otras tantas veces, creo que están recordando algo muy triste, porque sus miradas se pierden, pareciera que no ven solo al frente, sino que estuvieran allá, donde sus recuerdos. En aquel momento donde tiempo atrás les apretó el corazón. Yo aún no entiendo de esas cosas, solo sé que me he prometido recordar, siempre. Justo ahora estoy apretando mis ojos muy fuerte, tan fuerte que puedo verme sentada y rozo el último suspiro que el Sol me regala. Es Abril, me aseguro de saberlo porque “Es importante recordar las fechas”, las escuche decir alguna vez. Recordar es fácil, no se porque dicen que los niños a mi edad olvidan. Atrapo mi cabello por última vez, creo es todo. Mi recuerdo está a salvo.

Sara.

 

 

 

 

 

La química del olor.

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Hace poco leía que es posible contar nuestra historia en capítulos de olores…

Mi vida en la primera infancia olería al perfume de mi mamá mezclándose con olor a salbutamol en la sala de urgencia de un hospital, ese olor de neblina salvadora que pocos conocemos. El olor a hospital es curioso, huele a una eterna lucha a desinfectante, esterilizadores, productos químicos, contra esperanzas y desesperanzas.

Cuando aprendí a leer aprendí a enterrar mi nariz en los libros. Caminar entre ellos me reconforta. Su olor siempre ha sido promesa, humedad y nostalgia. Soy una romántica de la vieja guardia y aunque lo he intentado, he renunciado al libro digital. Incluso antes de empezar.

Llego la juventud y olía a rebeldía, a madrugadas, a tabaco, a cerveza. A encuentros y desencuentros. A lociones de olor a madera, jengibre, sándalo, que mis amigos robaban del cuarto de sus padres. Queríamos oler a adultos, jugábamos a oler a adulto. Yo robaba del tocador un poco de Elizabeth Arden de mi mamá. En secreto. Inhalar con fuerza el presente, que era nuestro.

El día que me convertí en madre, conocí la vida y su olor en su mejor carta de presentación: Ella misma. Supongo cada mamá describe de manera única el olor de sus bebés. Yo con ellos huelo a raíces, a césped después de un día de lluvia, a ola de mar rompiendo en la arena, a tibieza y calidez. Sostenerlos en mis brazos y oler sus cabecitas es estar en lo alto de una montaña y sentir la brisa. Aspirando y reteniendo ese olor a infancia lo más que pueda. Cada noche. Después de que los beso, me llevo su olor para dormir mejor, para arroparme en ellos.

Hace poco leía que es posible contar nuestra historia en capítulos de olores…

Mis días empiezan oliendo a prisas, a café y rayos de sol. Antes de los niños me detenía a reparar en que perfume usaría en el día. Tenia perfumes esperando por ser abiertos, por liberar su aroma. Hoy tire a la basura un pequeño frasco que me acompaño los últimos meses, ahora mismo no puedo recordar a que he olido el último año, tal vez a cítrico, tal vez a lavanda, tal vez a prisas y a desvelos, tal vez a puré de manzana después de que Nicolás me estornudara hoy por la mañana y manchara mi blusa antes de ir a trabajar. Tal vez a raíces, a salbutamol, a libro nuevo, a mar, o tal vez aún huelo al Elizabeth Arden que le robaba a mi mamá.

Sara.

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Tan pequeños como hoy.

Desde que me volví mamá, el tiempo para mi se cuenta de formas alternas, es decir, el reloj y el calendario me sirven únicamente para vivir cordialmente en sociedad, llegar temprano al trabajo, a las clases de natación o quedar con alguna amiga. En la vida diaria, es decir, ya dentro de casa, la percepción del tiempo es diferente, no se como explicarles, pero lo intentare: de pronto una mañana puede parecer una semana, un viaje de tres días puede sentirse un mes y una semana entera podría bien parecer solo unas horas. En vez de usar relojes, uso momentos, tallas de ropa, de zapatos, centímetros de altura, nuevas palabras y números. Se que ya pasó un mes cuando mi hijo menor dice una nueva palabra, se que ya paso una semana cuando mi hijo mayor ya puede sumergirse sin ayuda en sus clases de natación, se que ya pasó un semestre cuando ya no les queda la ropa y hay que ir de compras por una talla mas grande, se que ya pasó un año cuando mi esposo me envía una foto entregándolos en la puerta de su primer día de escuela y se que es domingo por la mañana, porque estamos los cuatro jugando y corriendo por la playa.
Así transcurre el tiempo por acá, así ha venido transcurriendo desde hace poco más de 4 años. Cuando el primero de los dos llegó. Y luego el segundo.
Cuando nos convertimos en padres el mundo cambió. La  realidad se desdobló. Por ejemplo, yo adquirí mágicamente un súper poder, tengo la capacidad de encontrarle un alto grado de peligro a cualquier cosa que antes me parecía inofensiva,  es así como un simple tenedor, con sus cuatro dientes insignificantes, abandonado en la mesa al alcance de mis hijos, se vuelve un arma y puedo crear en mi mente inimaginables situaciones de las maneras en que se podrían hacer daño con el, hasta que lo cambio de lugar, lejos de su alcance.
Mi esposo, por su parte, adquirió el súper poder de ver con asombro, fascinación haciendo comentarios y acotaciones, una misma película por mas de 15 veces. Verla de principio a fin y atender cada una de las preguntas y argumentos retóricos de nuestro hijo mayor, aunque sea la misma pregunta y la misma película que vio ese mismo día por la mañana o por la noche del día anterior.
Volviendo al tiempo y para cerrar la idea, hay momentos como este, en que me encuentro nostálgica, pensado: cuando ha pasado todo esto, en que momento del día de hoy que es cuando para mi apenas nacieron uno y otro, ya el primero aprendió a nadar y discute sin piedad al defender sus opiniones y el segundo cuenta hasta el veinte, dice los colores en inglés o canta sin ayuda una canción.
Por eso les digo que el tiempo acá es subjetivo, son momentos, no minutos, no meses, no años. Y siempre, siempre, siempre me parecerá que nunca van a ser tan pequeños como hoy, sin importar el momento en que lo diga, ya sea en 5, 10 o 20 años.
Cris.
Musiquita:
Dejo esta canción que viene bien porque habla sobre el tiempo y porque me gustan los Rolling Stones.
Time Waits for No One》

 

Un primer lustro.

5 numero

Un lustro es un periodo de 5 años. Etimológicamente proviene del latín lustrum, que quiere decir limpio, puro. Hoy mi hijo mayor cumple 5 años, su primer lustro de vida. Yo en estas últimas semanas lo he observado en silencio, pensativa y muchas veces sonandome la nariz y justificando mis ojos rojos a mis ya conocidas alergias estacionales. Pero la verdad me siento justo como lo describe Laura de La Moleskine de Mamá en un post titulado ” Cronopio se hace mayor. Del cabrón sentimiento de ver crecer a un hijo”

…No hay sentimiento mas contradictorio que ver crecer a un hijo, de cuando el orgullo, el amor y la nostalgia se te agolpan en el pecho… y en este estado de semi vulnerabilidad emocional, es muy difícil escribir y limpiarse la lagrimas al mismo tiempo. 

Hay una constante de todas las madres del universo. Si, estoy segura que en lejanos exoplanetas aun no descubiertos existen madres que también afirman lo siguiente: “Tengo al hijo más maravilloso”.  Y yo, siendo parte de este gremio galáctico lo afirmo y lo reafirmo. Entonces, mi pequeño cumpleañero llega a su primer lustro de vida siendo un niño alegre, noble, con mucha imaginación, capaz de entablar conversaciones que me dejan muchas veces un poco muda y otras tantas con reflexiones. Verán, la percepción que tiene un niño de 5 años de las cosas,  de la vida misma, es realmente increíble. Es como si tuvieras la necesidad-obligación de frotarte los ojos y volver a mirar ese paisaje que habías visto muchas veces antes, y que ahora tiene alguno nuevo, más brillo, más claridad, detalles que no habías percatado, o más belleza en su simpleza. Justo como lo define la etimología del significado de lustro, son humanitos puros que andan por la vida haciendo una fiesta de ella. Hoy festejo ser mamá del niño más maravilloso, pero también festejo que todas los tengamos, todos  nuestros niños maravillosos, son la promesa de que el mundo se puede transformar en un mejor lugar. 

Hace unos días estábamos jugando y terminamos investigando con el Asistente de Google en mi celular. Tecnología e inocencia compartiendo un rato juntos. Esta fue una conversación más o menos así:

-LF- Hola

AG- Hola, ¿en que puedo servirte?

-LF- ¿Como te llamas?

AG- Puedes llamarme Asistente de Google

…. continua.

LF- Hola

AG- Hola Sara, ¿en que puedo ayudarte?

LF- No me llamo, Sara, yo me llamo Luis Fernando

AG- ¿Quieres que te llame Luis Fernando?

LF- Si ese es mi nombre, Sara es mi mamá

……. continua segundos después

LF- Hola, me puedes decir como se crearon las momias?

-AG- A continuación información que encontré en la web al respecto

LF- Oye pero yo no se leer. Me ayudas a leérmelo por favor.

……. continua segundos después.

LF- Hola

AG- Holi (aquí me di cuenta que Asistente de Google es un loquillo)

LF- ¿Qué es Holi?

AG- Holi es un festival hindú popular de primavera celebrado en la India, en Nepal y en algunas comunidades (siguió)

LF- Oye, oye yo no se que es un festival de la India, ¿me puedes decir porque los zombies tienen la cara fea por favor?

LF- Oye también te quiero preguntar si tu conoces a mi bebé se llama Nicolás, bueno, ya me voy a dormir. Adiós.

En toda la dinámica de preguntas y respuestas “Niño-Asistente Virtual”, yo cargaba a Nico y me acercaba cuando quería participar. Creo que algún momento AG capto un “Aguuugaada” reímos y seguímos con la sesión.  Le preguntó respecto a momias, cocodrilos, cuando se creo el videojuego de Minecraft, cuando se creo el videojuego de Mario Bros, como se juega Plantas vs Zombies, que comen las ballenas, y muchas cosas más.

Estoy segura en muchos años, le contaré a Luis Fer este relato y pasaremos un buen rato riéndonos, para ese entonces ya habrán muchas historias en el camino, muchos cumpleaños, muchos pasteles, velitas y con ellas la foto soplándolas a toda pulmón. Delante de esa escena, estaré yo, deseando en silencio lo mismo cada año. Conteniendo la lagrima cada que cantemos las mañanitas, echándole la culpa a la alergia estacional, hasta que mi hijo descubra mi coartada en algunos años, y los dos sepamos la verdad.

Guardando en mi memoria cada amanecer de un 30 de Julio, por muchos muchos lustros, incluso, podría asegurar, que por toda la eternidad.

Sara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El lado B de la Maternidad.

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La creación de este Blog nació un día que Cris estaba buscando Guardería para su hijo Mayor. Nos conocíamos del bachillerato, de ojo, a distancia. Con amigos en comun, nada más. Nos agregamos al FB y fuimos testigos visuales de la llegada de nuestros hijos mayores que se llevan menos de un año de edad. En algún punto simpatizábamos con comentarios, libros, música, pero me queda claro que nuestros hijos (ellos que ahora son mejores amigos) nos acercaron. Nos hicimos amigas, coincidíamos en un montón de cosas, nos desbordaba el amor por nuestros hijos, pero también teníamos un montón de dudas, un monto de cansancio, miedos, frustraciones, platicábamos de eso y nos dabamos palmaditas en la espalda, nos tomamos de la mano (online) compartiendo nuestro Lado B de la maternidad. Un día decidimos abrir el Blog para que fuera nuestra catarsis.

¿Que es el lado B de la maternidad?

Es la cara del casette que nadie te cuenta, y si te cuentan, nunca dimensionarias la historia hasta que la vives: Las historias de miedo y ansiedad, sentimientos que nacen a la par de tu bebé. Sentimientos que nunca esperaste, no estuvieron considerados en el Check List reglamentario para preparar la llegada de tu hijo, nadie te dio un libro mágico en tu Baby Shower para saber como proceder. Solo te dicen una y otra vez. Duerme, Descansa, Nada volverá a ser igual. Pero jamas te dicen: Prepárate para conocer el miedo y la ansiedad que trae consigo la maternidad.

El Señor miedo. Hace menos de un mes una hermana (no de sangre pero si de vida y amor) recién dio a luz a una niña. Nunca la vi tan feliz y llena de luz. Aún asi, con los días llego el miedo inconfundible. Lo que sé del miedo es que siempre tiene nueva excusa, nuevo pretexto, nuevas trampas y nuevo rostro. El miedo cuando llegas del hospital a casa con tu bebé. ¿Dormir cuando el duerma? ¡No! yo necesito cuidar su respiración. ¿Y si llora y no lo escucho? ¿Si me necesita y no estoy al pendiente? Las primeras semanas somos un manojo de miedo. Día a día el cansancio se acumula y empiezas a llorar poquito pensando ¿Lo estaré haciendo bien? El miedo a los primeras semanas de vida, evoluciona. Cada etapa trae consigo sus propios miedos.

Dice Banana Yashimoto: El miedo hace que las hormigas parezcan elefantes. No puedo estar más de acuerdo. Pero, ¡Diablos! Nunca habíamos estado siquiera cerca a sentir ese miedo, hasta que inicias en la maternidad. Le fusile a mi amiga Paty lo siguiente – “Ser mamá es vivir con miedo” Es cierto ese miedo habla de amor. De un amor infinito, tan vasto como el universo.  ¿Que le decimos al miedo cuando nos acorrala en un mal día? NOT TODAY (guiño GOT) Y seguimos viviendo. Construyendo su mundo, llenito de amor y valentía, tratando de mantener el miedo a raya, o en la medida justa para que tomen precauciones.

La señora ansiedad. La maldita ansiedad no se queda fuera de esta fiesta. Con mi hijo mayor todos los días al salir del trabajo el corazón se me aceleraba y empezaba a sudar frió. Quería teletransportarme y llegar donde él estaba, no la pasaba bien. Todos los días llegaba y el estaba feliz, tranquilo, BIEN. Con la ansiedad como el miedo tienes que lidiar con escenarios mentales-ficticios. No han pasado, no sabes si pasarán, Pero nos hacen pasar un mal rato. Un día después de mucho tiempo (ni siquiera sé en que momento) dejo de pasar. Sin embargo, la ansiedad también se manifiesta en otros momentos, no me gusta, la odio. Solo me queda respirar y meterlo en el bolsillo del pantalón. Ahora no. Compórtate. Luego hablamos Señora Ansiedad.

Cuando comentaba con Cris este post, me decía que cuando un niño ajeno se cae, o las sentidos arácnidos se agudizan y lo ves en problemas, le da ansiedad. Cuando eres mamá de uno, eres mamá de todos. Cuando ves alguna noticia, no puedes dejar sentir empatía, elevarlo a los tuyos, siempre.

Sé que muchas hemos pasado por estos sentimientos, en mayor o menos medida está en nuestro día a día. Y no encuentro otra manera de ponerle fin a este post con una rolita para bailar un poquito y cantar juntas. Take my hand and we’ll make it – I swear

 

Sara.

 

El abuelo Fuego.

Hoy cumpliría años mi suegro, pero hace un año dejó el mundo tangible y anda por ahí volando, hecho energía. Mi hijo mayor, en su mágico mundo de 4 años, nos cuenta que su abuelo vive en una estrella, que esta con Trapo (nuestro perro que murió hace un año también) y que pueden ver a  los dinosaurios, ¡ahh! y que aún le manda bombones desde allá. Y es que sin duda, los abuelos deberían ser eternos.

En abril del año pasado, cuando el aún estaba entre nosotros, le escribí esta historía, mi esposo se la leyó y se que le encantó. Se las comparto hoy:

El Abuelo Fuego

Mis hijos solo tienen un abuelo. El abuelo Fuego. Así le dicen, porque el fuego es luz, es fuerza, es calor.

El abuelo Fuego nació en plena Segunda Guerra Mundial, ese 22 de junio Francia se rindió ante Alemania firmando el Armisticio en Rethondes negociando con Mussolini, los alemanes cruzaron sin problemas el Río Loira y los italianos bombardeaban Alejandría. Mientras tanto, en el otro extremo del mundo, en un pequeño hospital ubicado en una ciudad construida sobre una población maya, nacía el abuelo Fuego. La sala de parto se iluminó cuando el pequeño lloró por primera vez. El segundo hijo de trece hermanos. El segundo, pero el más grande. Su corazón latía fuerte desde que nació. El consentido de mamá, su brazo derecho. De niño quería ser piloto. Quería volar. No pudo serlo por un problema de visión. La miopía y las alturas no se llevan bien. Aun así, él ha volado alto, muy. Sus hermanos lo quieren infinito. Los guio, encaminó y apoyó hasta que se convirtieron en hombres y mujeres de bien.

El abuelo Fuego quería ser médico, pero la vida no se lo concedió. Cuando tuvo tiempo no tuvo dinero, cuando tuvo dinero no tuvo tiempo y así se fue la oportunidad como se van todas las cosas que se dejan pasar; pero su vocación nunca se apagó. Quizás no cura cuerpos pero cura almas, con sus palabras, sus acciones y su bondad.  Como no pudo ser médico, el abuelo Fuego se dedicó a la alquimia. No ha logrado aún transformar el plomo en oro, pero es capaz de transmutar su alma mediante la oración y el ayuno.

Cuentan que una vez, en una noche de esas que los alquimistas utilizan para crear maravillas, observando a los astros, vio una estrella hermosa y brillante en el cielo y se enamoró. La convenció de bajar y se casó con ella. Se llamaba Elena. El abuelo Fuego quería tener diez hijos, la vida les dio solo dos. Fueron suficientes, los llenaron de amor. Un día su estrella le dijo que tenía que volver al cielo, el abuelo Fuego se despidió y lloró. No hay día que él no mire hacia el cielo para verla brillar desde acá.

El abuelo Fuego vive en una fiesta constante, disfruta cada película que ve en Netflix, cada publicación que hace en Facebook, cada partido de sus pinches Pumas, cada comida, cada platica con su hijos, cada visita de sus nietos. Su corazón es noble, su mente inquieta y sus comentarios certeros. Sus manos cuentan historias como si tuvieran voz, esas manos hipnotizan a sus pequeños nietos, quienes las siguen en cada historia que el abuelo les cuenta.  Incluso cuando no les dice nada, al acariciarlos les dice todo. Yo creo que esas manos solo descansan para dormir, se entrelazan unas horas al día y después vuelven a ejecutar las más grandes historias jamás contadas.

Yo, por cosas del destino, de la vida y de las probabilidades aritméticas, coincidí en este basto universo con uno de sus hijos, nos enamoramos y nos casamos, así conocí al abuelo Fuego. A los pocos meses nos embarazamos y nació uno y luego otro, pequeños descendientes del fuego. Y así lo siento, porque al abrazarlos puedo sentir una poderosa corriente de calor que me invade. Mi esposo lo sabe. Porque el abuelo Fuego le contaba que la primera vez que lo cargo, fue como si cargara una estrella recién caída del cosmos. Es asunto de herencias. Quizás de la abuela Estrella. Pero sobre todo es asunto del Fuego.

Aun hoy, a pesar de su andar lento, el abuelo Fuego sigue dejando una estela roja de calor en su camino, con todo el que se cruce, a todo el que toca, con quien hable, los llena de calor y los anima.

Mis hijos son afortunados de ser nietos del abuelo Fuego. De ser descendientes del Fuego.

Cris.