Seis.

Hace seis años estaba a punto de tener un hijo. Mi primer hijo.

Hace seis años, justo a esta hora estaba en una sala de parto de un hospital al sur de la Ciudad de México a punto de tener un hijo.

Llevaba ya doce horas ahí.

Fer sujetaba mi mano, el ginecólogo me decía que solo faltaba un esfuerzo más para que mi bebé llegara.

Lo hice.

Me prepare tanto para ese momento. Fui a clases de yoga pre natal, psicoprofilacticos, ejercicio diario. Veía videos de respiración en el parto. Meditación.

Nadie nos preparó para todo lo que venía despues: posparto, lactancia, sus primeros baños, las vacunas, las noches sin dormir, el llanto sin calma, pañales, los dientes, la comida, no dormir, no dormir, las risas, enfermedades, no dormir, vacunas, los juegos, sentarse, conocer el mar, caminar, platicar, travesuras, correr, reír, crecer, ir al colegio, enojos, risas, aprender, compartir, llanto, crecer, crecer, crecer…

Nadie nos preparó para todo el amor.

Todo salió bien esa madrugada de hace seis años.

Nos entregaron a un bebé de 2.900 kg y esa madrugada todo cambió.

Y todo fue mucho mejor.

Felices seis años mi amor.

Estos días de Agua.

El arte de respirar.

Un día de marzo del 2020 me encontraba en el elevador del 6to piso de un edificio de especialidades medicas. De mi mano derecha sostenía una paleta de uva. La paleta que te dan los médicos por ser buen paciente -o al menos intentarlo y no meterles una mordida cuando te invaden con el abatelenguas-. De mi lado izquierdo, sin ser catafixia, llevaba los estudios que me acababa de hacer e interpretar el Neumólogo: Una espirometria. ¿Qué es una espirometria? Es un estudio para diagnosticar enfermedades respiratorias, te permite medir la cantidad de aire que pueden retener los pulmones y la velocidad de las inhalaciones y exhalaciones durante la respiración. Fuente: Google y básicamente, mi vida.

Mientras crujían los pedazos de paleta, pensaba – ¡Vaya! Una capacidad pulmonar de 42%, ¡Fuuuuuck! Un 50% me hubiera hecho ver el vaso ni tan vacío ni tan lleno. Maldito y sórdido optimismo. Pero un 42% en medio de una pandemia donde el virus ataca los pulmones y doblega tu capacidad de respirar ¡Recontra-fuck! Me intimido. Era parte de la población vulnerable. Termine mi paleta y me puse el cubrebocas. El sabor de la paleta de uva se había convertido en un sabor metalizado, y pasaron varios días antes de recuperar el sentido del gusto.

Afuera todo pasaba. Y con todo me refiero al encierro y la primera oleada del virus. El confinamiento llegaba a México y habría de estacionarnos en una nueva normalidad, de la cual poco sabíamos. Nunca pensamos que el encierro nos haría conocernos en diferentes versiones. Unas peores que otras. En mi inexperiencia en temas de supervivencia pandémica, pensé que viviría cercana a las brasas en toda la pandemia. Tal como me sentía al escribir Estos días de Fuego. Más vulnerables, mas frágiles. Pasados los primeros meses, la ansiedad tomaba distintas formas. Llegó un crisis laboral a nivel nacional. Y el sector donde trabajaba fue estoqueado sin piedad, así que un día me vi en el desempleo y me moleste por todas aquellas cosas en las que había perdido el control en el ultimo año. Me permití tener días malos. Lo suficientes, los necesarios. Hasta que un día me puse los tenis y salí a buscar el mar.

Escribiendo con los pies.

Pasaron varios meses desde el último post. Pero nunca he dejado de tejer relatos en mi mente. Los últimos cuatro meses he escrito con los pies, dando: pasos, trotes, arrastre y cualquier simil para seguir el camino -permanecer estática no era opción-. Ordenando y construyendo historias en mis pensamientos. Callando la ansiedad y las inconvenientes grietas que se han abierto paso en mis emociones. La cercania del mar tiene un efecto reparador, y cuando llego cargada de exceso de humanidad (Ja). Lentamente todo pesa menos. Y sonrío detrás del cubrebocas. No tengo idea cual será el siguiente paso. Probablemente la ansiedad siga tocando la puerta de vez en vez. Persistan las horas de autosabotaje. De autocriticas y oscuridad. Probablemente, y esta bien. Es parte de… Ni toda la vida será pandemia. Ni siempre nos mantendremos en distancia. Y los niños, que tanto nos están enseñando de nobleza y entendimiento, algún día regresaran a sus escuelas. Todo es pasajero. Nada se estaciona para siempre. La esperanza es tratar de mantener siempre un trozo de cielo azul encima de la cabeza, no?

El Fin

Transmute el fuego por el agua. Ardía, pero no me extinguí.

Hay una frase de Rosa Montero de su libro “La Ridícula idea de no volverte a ver” que dice así: La vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa que incluso desde los primeros momentos de la pena te permite gozar de instantes de alegría.

Mis pulmones sonríen a mis mañanas. Se están portando a la altura. Ellos marcan el ritmo. De hecho en este momento les escribo con mis pulmones llenos de aire. En medio de una brisa tibia y con una paleta de uva, creo, me la merezco.

Gracias por leer.

Sara

Los Cambios.

Estaba acostumbrada a orbitar mi estrella. A mi ritmo, viendo el mismo paisaje, la misma temperatura, la misma trayectoria. Me había percatado que estaba moribunda, se enfriaba. Y aún así yo seguía inmutable y cercana. Un día colapso y se convirtió en supernova. Me había convertido en un planeta errante. Y ahora me podía mover en el espacio. No existía ninguna fuerza gravitacional que jalara de mi. Pensaba.

Pensaba… Cuantos cambios hemos vivido en los últimos meses. Que pena que el 2020 será recordado como el año que sacudió nuestras vidas. En los últimos minutos del 2019 cuando intentaba que las uvas deslizaran los deseos unas otras otras con las campanadas, tenia la convicción que el 20-20 sonaba a promesa. No estábamos cerca de imaginar que en este año íbamos a ir dejando migajas de nosotros sobre el camino, para no perdernos al tratar de recordar el regreso a lo que alguna vez fue llamada nuestra vida normal. Un fin de semana de marzo, hicimos pausa a ella. Depositamos en una pequeña caja nuestros proyectos y sueños. Con un marca texto negro escribimos con nuestro puño y letra: “Frágil. Maneje con cuidado. Humanidad en Peligro.”

Y empezaron los cambios.

El Covid se fue acercando. Le hemos visto distante, hasta el punto de pensar que se desarrollaba lejos, aunque las noticias fueran locales. Hasta vivirla. Perder gente cercana. Decir adiós a familia y amigos en las despedida mas ingrata y dolorosa: La de la lejanía. La que se vive solos porque no puedes acompañar ni ser acompañado. La de las condolencias por teléfono y redes sociales. Las carentes de abrazos y hombros mojados de consolación. La de los rezos con sabor a café y anécdotas de una vida.

Los cambios se hicieron presentes. Nada nos preparo para guardar distancia de nuestros enfermos. No nosotros. Sentir que los dejamos desamparados en un frio hospital. Aunque sepamos que dentro de él héroes sin capa combaten al enemigo. O sentir que podríamos estar haciendo más por quienes enfrentan la enfermedad solos en casa sintiendo que se les iba la vida por la cabeza, por la fatiga, por la ausencia de aire. Las familias se dividieron físicamente. Aislados como una profecía distópica de un relato de ciencia ficción.

Las clases llegaron. Y nos convertimos en maestras. Lo intentamos. En medio de carencias de conocimientos y limitaciones tecnológicas. Los niños comenzaron su nuevo año escolar. Mi hijo de 1ero de primaria. Me preguntaba como se haría amigo de sus compañeritos viéndolos por video. En medio de clases en Zoom y libretas con su nombre y asignatura. Intentando crear un sentido de pertenencia a una escuela donde nunca ha puesto un pie, pero donde tiene el corazón ilusionado de saberse un niño de primaria.

Los cambios nos han tambaleado, hace unos días yo misma no sabia donde estaba parada. ¿Me había convertido en un planeta errante? Tal vez. Y cuando llene mis pulmones de nuevo aire entendí mi caos. Y es que no estamos ni cerca de ser las mismas personas que comenzaron este año. Sentir. Llorar. Reír. Amar. Ser humanos. Intentarlo. Aceptar los cierres y preparar los nuevos comienzos. Desenvolver con cuidado los sueños. Con cuidado y sonriendo, que aún seguimos aquí.

Les comparto este poema de Mario Benedetti con el que quiero finalizar este post.

A los que buscan aunque no encuentren

A los que avanzan aunque se pierdan

A los que viven aunque se mueran.

Gracias por leer.

Sara.

Los tenis nuevos. Volver al futuro.

Después de 6 meses de pandemia me acostumbre a ver a Nicolás descalzo. Los papás sabemos que los niños cambian de ropa y zapatos en un pestañeo. Los niños mayores de 4 años todavía muestran un poquito de respecto a usar la ropa mínimo unos 6 meses. Pero entre un recién nacido y los 3 años la duración de la ropa y los zapatos dura unos nanosegundos. Así que con Nico cada 2 meses estoy sacando y doblando ropa para obsequiarla como herencia. En esas andábamos cuando llego la Pandemia. No importo no estrenar y que un día sus zapatos no entraran más. Hasta que empezamos a dar la vuelta a la manzana para estirar las piernas y contactar al mundo, o al menos yo, pensar que seguía siendo parte de él. Las tiendas estaban cerradas y no me atrevía a pedir zapatos en línea para los niños. Así que su abuela le mando a hacer unos huaraches negros con el zapatero de la cuadra. Nico estreno zapatos hechos a su medida, confeccionados a mano. Totalmente artesanales. Zapatos que le duraron 3 meses, 5 días, 8 horas y 3 segundos.

Ayer Nico estreno tenis. Después de meses de andar descalzo. Sus piecitos fueron envueltos por un par de calcetas y sus tenis nuevos. Tardamos como 20 minutos en hacer entrar los pies que rechazaban entrar y ser capturados. Los huaraches son nobles, los tenis deben adaptarse y los pies reconocer el territorio. Así que Nico se quedo parado sosteniéndose de la pared, como Marty Mcffly reconocía sus poderosos tenis futuristas en Back to the Future. Solo que estos si necesitan que mamá le ate los cordones manualmente. A diferencia de los tenis de su hermano, que se conectan a un enchufe para que brillen en casa pisada. De nuevo, “Hola Futuro”. Pero a Nico nada de esto le convencía. No quería caminar. No fuera a perder la gravedad y orbitar por la recamara. Se reía y daba unos pasos entre risas y titubeos.

¿Qué artefactos futurista es este Mamá?

¿Me harán volar por los aires acaso?

Empezó a caminar como cuando hace menos de 1 año daba sus primeros pasos. Un paso tras otro, precavido que este par de objetos que venia en doble presentación no lo hicieran caer. Un pie tras otro, hasta que empezó a correr con todas sus fuerzas y a brincar. En realidad hace eso más bien: Brinca y corre a la vez. Tomé su mano y fuimos a caminar una vez más alrededor de la cuadra con su hermano (quien también estrenaba tenis). Creo que hemos abierto en la manzana una zanja sobre nuestro andar por estas caminatas vespertinas. Ya sabemos donde apartarnos de los perros que nos ladran y de que lado de la cera nos toca sombra. Pero ayer con tenis nuevos, pasamos junto a los perros que ladraban muy desenfadadamente. Nico corriendo-brincando. Luis Fer dando grandes zancadas de libertad. Y yo tarareando una melodía ochentera en versión Ukelele: Take on Me. Ayer por la tarde preferimos caminar del lado del Sol sonriéndole de frente, sobre la zanja que hemos hecho tras estos largos meses. Solo que ahora estrenando tenis.

Sara.

Erase una vez, en el veinte.

Imagen

Los estados del agua.

Hay un libro titulado “Embarazo Para Dummies”. Un sinnúmero de literatura para empaparte un poco sobre el ser padres y asumir la maternidad. Revistas, Vídeos, Series, Tutoriales, etc. Pero no existe un libro llamado: Ser mamá en Pandemia, Editorial Apocalipsis. El protocolo medico es muy preciso, pero no existe un protocolo de supervivencia mental-emocional. Aunque… si algo he aprendido en este peculiar año, es que no puedes generalizar lo que cada quien esta sintiendo-viviendo. Dentro de cada casa se libra una batalla. Y dentro de cada mamá se libran cientos de batallas, que muchas veces no nos atrevemos a hablar en voz alta.

Yo misma estas últimas semanas me he sentido vulnerable. Metafóricamente hablando, vivo en un día los Estados del agua. Les explico. Liquido. Fluyo y me reconozco. Mi versión antes de pandemia que elegía sus batallas y mantenía relaciones cordiales con sus demonios. Muchas veces antes de tomar café paso del estado liquido al solido. Quedando atrapada en un modo de ansiedad y tristeza. Este salto no necesita una motivo aparente. Son todas las cosas que siento y pienso en el peor escenario. Y me da frustración sentirme a medias en todo y para todos. A veces re-capitulo y soy consiente que muchas veces hay cosas que he maximizado. No esta chido, pero sucede. Pero de esto se trata el zombie come-cerebros llamado ansiedad. De hacerte sentir pequeña e insegura. Salto al estado gaseoso, me evaporo y me siento perdida. Dispersa y lejana. Sin ganas de externarlo en su versión cruda. Seguro en un rato pasa, pienso. Y en las contadas ocasiones que lo contaba me contrafastidiaba haberlo hecho y quedar expuesta. Porque también va la contraparte. Minimizar tus emociones. – Respira, Medita, Busca la Fuerza. No es para tanto. Pero honestamente, si es para mucho. Y solo deseas-necesitas un gran y empatico silencio mental mientras bebes una cerveza, para saber que esto es pasajero y no, no te estas volviendo loca.

La culpa es del Australopithecus.

Pero gracias a Cronos, que hace que siga avanzando los días y con ellos el orden de tus pensamientos. Reconoces que estás viviendo un momento muy cabrón no solo de tu vida, sino de la vida de todos. En cualquier punto o coordenada geográfica. Y ya es un primer paso para aceptar que aunque sientas que habitas en el Pandemonium, es solo un acto pasajero. No traigo equipaje. Vengo de paso. No necesito la Suite. Solo tomaré el curso de Catarsis. ¡Gracias! (Guiño Maripi)

En medio de todo este remolino de emociones, con la música intro de Jaws de fondo, (que estoy segura es el soundtrank del 2020). Un día no muy malo para mi, pero si difícil para otras amigas. Me di cuenta que esta ola esta arrasando a muchas personas que quiero. Y a más de 4 meses de confinamiento, hemos hecho en estos últimos días la mejor terapia de grupo no presencial. Ese feedback, aun a deshoras y en destiempos me ha ayudado muchísimo. Y he carcajeado más al saber que en las crisis nos podemos reír de nosotras mismas.

Pero para esto debes abrir tu coraza. Sé que no es tan fácil como cuando tienes 6 años y eres un libro abierto. Los años nos ponen filtros. Y hasta en la más intima amistad, te reservas un poquito de tus debilidades. Y no porque no confíes. Son puros y sinceros motivos de supervivencia de la especie. Seguro los Australopithecus no la veían fácil tampoco. Tenían la encomienda de la madre naturaleza de evolucionar y no chorradas.

No se ustedes pero esas platicas de supervivencia y Bloopers de este año, suenan a promesa y a varias rondas, cantinero.

Insignia Honoris Causa

Mamás que trabajan en Instituciones de Salud. Mamás Godinez que estamos cubriendo más horas de Trabajo que las habituales, con Niños que gritan a tus espaldas en videoconferencias. Mamás que iniciaron la maternidad y la palabra cuarentena adquirió un nuevo significado y no precisamente el de usar una faja por 40 días. Mamás emprendedoras que luchan contra viento y covid para seguir generando sus fuentes de Ingreso. Mamás en todos sus modalidades. En todas sus profesiones. Me pongo de pie. En medio de todo esto, compartir este tramo con ustedes me da alegría. Entiendo sus silencios. Acepto sus ausencias, y los días oscuros. Y las abrazo. Las abrazo sin prisas y sin distancia.

Yo por mi parte cuando todo esto pase, les mandare a hacer una insignia a todas. Algo grande y con glitter. Qué se distinga a metros de distancia. Que el mundo sepa el significado:

Soy mamá y sobreviví a una pandemia.

P.D. Galería de fotos. La maternidad en tiempos de Covid.

Gracias por Leer.

Sara

La Graduación. Llegamos a la Luna.

Hace un año, cuando Fer salia de 2do de Kinder y era el evento de clausura del año escolar. Observaba con atención el protocolo de salida de los Graduados de 3ero. Las primeras filas del teatro donde se realizan los eventos de la escuela estaban reservadas para los papás de los egresados. Cuando empezó el evento, a pesar de que estaban hasta adelante, podías ver a las mamás con el rimel hasta las mejillas y pañuelo en mano. Los niños se llevaban las palmas con su coreografías y vals de despedida. Pasar al frente por su primer diploma valían todos los gritos de de emoción y jubilo. Incluso hasta que nos taparan la visibilidad en ciertos momentos por querer captar la mejor foto, la mejor sonrisa, el mejor recuerdo. Su hij@ se iba a la primaria y el orgullo caminaba 3 pasos adelante de esos padres.

Yo por mi parte me relamía los bigotes en ese momento. Pasábamos a 3ero y el próximo año me tocaría estar en las filas reservadas. Com-per-mi-sa. Podía imaginarlo desde ese momento. ¿Saben? a veces mi cerebro no se frena y recrea momentos que aun no pasan y este era uno de ellos. Todos los escalones educativos son importantes, pero aprender a leer, escribir y contar es cosa seria y de pequeños héroes. Seria precavida y usaría rimel a prueba de agua. A prueba de mamás. Así seria.

Pero las cosas cambian de un momento a otro. Hace unos meses cuando el panorama se hizo claro. La directora nos confirmo que seria imposible que los niños tuvieran su evento de Graduación. Juro que se me rompió en cachitos el corazón. Porque pude sentir la tristeza de la directora de la escuela mientras hablaba de como terminaríamos el año escolar en las videollamadas, y otros puntos.

Este viernes que paso, el 10 de Julio tuvimos la clausura vía Zoom. Las cosas solo cambiaron un poco, pero el sentimiento fue el mismo. Claro que estuvimos en primera fila. No hubo bailables, pero la directora fue nombrando uno por uno a aquellos niños que fueron los primeros compañeros de escuela de Fer. Aquellos niños que en menos de 1 año ya “Eran niños grandes” y se convirtieron en amigos, en pandilla, en cómplices. Esta de más decir que no necesite una teatro. Me secaba un poco las lagrimas (gracias rimel a prueba de agua) cuando veía tras una pantalla a sus padres dándoles el diploma y poniéndoles su birrete con todo el amor y el orgullo llenando toda la transmisión. Nadie esperaba esto. Sin embargo, la escuela y todo el plantel educativo hicieron lo imposible para regalarles a los niños ( y a nosotros los papás recreadores de momentos futuristas mentales ) el mejor recuerdo de graduación pandemica posible.

El día de hoy terminaron las actividades de clausura del Jardín: La tradicional caravana de automóviles 2020, claxons sonando como si hubiéramos ganado la Copa Mundial y mucha algarabía carnavalesca. Pude ver las sonrisas tras las mascarillas, he notado que la humanidad ha desarrollado sonreír con los ojos. Todo era un festejo. De lo malo, rescatamos lo bueno: Ellos. El futuro. Y así se daba el punto final a la Generación 2017-2020. Terminaron Kinder, pero yo los veo llegando a la Luna.

“Un pequeño paso para nuestros hijos, un gran salto para estos padres”

Felicidades Generación 2017-2020.

Gracias Piccolo Bambino.

Gracias por Leer.

Sara.

F con la a, Fa.

Llevo varios días sin entrar a las clases en línea de los niños ni hacer tareas, no me juzguen. No es por falta de respeto a los maestros que en realidad los admiro y los extraño infinito en sus clases presenciales y se que ponen todo su esfuerzo en las clases en línea y en la planeacion de sus tareas. Pero hay días en que no se puede más, y así fueron esos días. Días en los que no quise batallar con mi hijo mayor para ver los videos de su clase de inglés ni con el menor cuando no quiere seguir las instrucciones de la maestra. Ya acepté que el mayor no va a aprender a leer durante la pandemia y el menor que esta en maternal pues…maternal ni siquiera es un grado real dentro de preescolar.  Porque el trabajo en Homeoffice ha sido más estresante que el presencial, uno podría no acabar nunca y acaba menos cuando tu pequeño de casi tres años le revienta, espontaneamente con la hebilla de un cinturón de su papá, que encontró en su camino, la pantalla a la laptop que te prestaron en la oficina y que ahora tienes que mandar a reparar. Porque las preocupaciones de todo lo que puede ocurrir y hasta lo que no, te invaden la mente de repente y tomar las clases en línea cantando F con la a, Fa, F con la e, Fe, no hacen que tu mente se sienta más afortunada. ¿Como será para un par de pequeños de 5 y 3 años estar encerrados desde que despiertan hasta que se duermen sin ver a sus amigos, a su abuela, a sus primos, sin ver el mar?…supongo que será digno de contarse en el futuro. Tal vez se dirán con sus amigos o con sus parejas: ¿te acuerdas de la pandemia del COVID-19 y de como vivimos encerrados durante un año?. Aunque los míos son tan pequeños que quizás ni se acuerden de esto concientemente y su papá y yo tendremos que recordarles.

Esta noche de domingo, con optimismo les digo que a partir de mañana ya tomaré de nuevo sus clases en línea. Porque al menos escuchar el cuento del día de la voz de su maestra en vez de provenir  de mi voz cansada ya por la noche, les ha de hacer bien a sus mentes agotadas de esta situación que a sus pequeñas edades no comprenden.

Escribo esto mientras en la televisión una afortunada Peppa pig se encuentra en un dia soleado saltando en charcos de lodo con sus amigos mientras sus papás hacen un asado en el patio trasero y el Capitán Perro volvió a casa después de andar un año y un día navegando por el mundo y abraza a su familia sin tapabocas ni careta protectora.

Les dejo por aquí (porque al menos a mi me hace bien leer poesía en el confinamiento) un fragmento de “Nada dos veces” escrito por una de mis poetas favoritas, Wislawa Szymborska:

“En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

…”.

Y al capitán Perro.

undefined“.

Lo que el COVID se llevó.

LO QUE EL COVID SE LLEVO

He tenido muchas semanas de insomnio, que si las junto en un costalito se vuelven meses. Y si me atrevo a ponerle nombre al motivo de mis desvelos se llama: COVID.19

En medio de estos desvelos, con los ojos a media asta pero la mente a tope, de repente me encontré en un sueño vívido, Y en medio de una plantación de algodón de alguna ciudad sureña, levantando mi vestido de época en un escenario más dramático que romántico. Escuche el dialogo final de Rhett y Scarlett O´Hara.

-“Si tú te marchas, ¿qué va a ser de mí?”

-Francamente, querida, me importa un bledo”

Y como Scarlett de pronto me siento desamparada mirando como se pierden en la neblina la uniformidad de mis antiguos días, viendo como la vida que conocía se va de mis manos con total indiferencia. “Francamente, querida, me importa un bledo” vuelvo a escuchar. Y solo me queda seguir de pie desde la puerta, añorando que regrese. Cerrando la escena, con un buen monologo, un suspiro y una promesa: Después de todo, mañana será otro día”……

El COVID se ha llevado entre muchos cosas, nuestra libertad. La libertad de movernos, la libertad de encontrarnos, la libertad de fundirnos en un abrazo. He visto a mis dos mejores amigas para intercambiar objetos a 1 metro de distancia. Abrazándonos con la mirada. Y es que si bien, tener la facilidad de estar en casa cuidándonos es una fortuna, estar encerrados nos está enloqueciendo. Nos hacemos falta. Y lo único que deja libre es que salgan nuestros propios demonios a corretear por toda la casa, incluso antes de desayunar.

Los planes se postergan, se alargan. Los semáforos nos marcan el camino. Rojo. Alto. Siga confinado. Aún cuando me da optimismo que varios países ya estén de regreso a la “normalidad.” En México hoy día nos encontramos en el punto más alto de la pandemia y no creo que nuestras negligencias sociales nos permitan siquiera tocar el amarillo en los próximos días. Lo jodidamente simpático -sarcasmo- Es que en este punto, es cuando veo a más personas autoinstalandose un semáforo verde en su cotidianidad. Carajo, libre albedrío.

En cuanto a los niños. Me quitó la ceremonia de graduación de Kinder de Fer. Si, lo sé. Kinder! -“Habrá otras cierres de curso.” Por favor, no se lo digan en voz alta a una madre si así lo piensan. Recogí los cachitos de mi corazón roto cuando la directora de su escuela detallo los pormenores de una Graduación por Zoom. Cuando lleguemos a ese distópico día, sin duda merecerá un post completo. Te odio Covid.

El virus se ha acercado peligrosamente estos últimos días a cada uno de nosotros. Se ha llevado nuestra calma y ha instalado su base operativa de miedo e incertidumbre en nuestro ser. No quiero decir que todos los días tengamos un miedo latente, pero se estanca en nuestras debilidades. Insomnio, stress, dolor de cabeza, mal humor, demonios libres.

Y yo como Scarlett O´Hara. Cierro esta escena con un suspiro y una promesa: Después de todo, mañana será otro día”….   No se cual, no me lo pregunten, esta claro que no lo sé.

Gracias por Leer.

Sara.

 

 

Fotoarte: Esmeralda Ordaz. Internet

Estos días de Fuego.

burbujas-fuego

La cuarentena

Llevamos más-menos 2 meses de cuarenta. Confinados en paredes físicas y en un confinamiento mental, lidiando con otras versiones de nosotros mismos que tal vez no conocíamos. No estábamos preparados para vivir una Pandemia. Nuestras rutinas han adquirido nuevas formas y un nuevo espacio. Hacemos todo en casa, y parchamos nuestros días entre seguir siendo profesionistas y ser mamás 24/7.

Nuestra “normalidad” nos esta conduciendo hacia el desastre. Hemos normalizado las acciones humanas que nos están llevando de picada. Apenas estamos en el Mes 05 y el 2020 sera recordando como un Hito en la Humanidad. Hemos ido a la Luna y tenemos sondas espaciales que en este momento están viajando por el Cosmos. La medicina y su continua investigación dan más esperanza de vida que nunca. Sin embargo, aun como hace 100 años con la Gripe Española, tenemos que quedarnos en casa en cuarentena por un virus que esta desatando una ola de miedo e incertidumbre en todos los sectores y en todos los estratos económicos. Ante el COVID la teoría del queso suizo acertó –todo lo susceptible de fallar, falló, y muchos países, NO aprovecharon aquellas primeras crisis para  prepararse ante lo inevitable. En México nuestro presidente saco “Medallitas milagrosas” ¿Rompase en caso de incendio? Y salio a la luz publica que en México primero rezamos y luego volteamos la mirada a nuestro indefenso primer batallón: Nuestro sector salud.

La semana no sucede en el orden que creemos.

Yo he llevado días con una idea sobre el tiempo. Me siento en una dimensión, donde tal vez 1 día puede durar 48 horas o 1 día donde transcurren 3. Los días de la semana han perdido un poco de sentido y estructura, y siento que estuviera atrapada en el cuento de Elena Garro “La semana de colores”. Estoy parada en la casa de Don Flor, abriendo una y otra vez las mismas puertas, y no logro abrir la puerta donde yacen adormecidos Sábado y Domingo. Los días donde paseábamos viendo el Mar, o hacíamos el super con los niños montados en el carrito de despensa, girando a su alrededor emulando bailar una melodía pagana cuando sonaba una canción que me gustaba. Se extraña aquello que llamabas con desdén rutina. Y en todo este encierro “La semana no sucede en el orden que creemos” Sin embargo, los días siguen, en una nueva lógica terrestre. Y solo la Luna y sus fases cada noche me recuerdan que el tiempo avanza. Mientras la Luna nos observa, inmutable a nuestro mundo. Un mundo que baila al borde del precipicio.

Estos días de Fuego.

Mientras trato de abrazar los restos de mi lógica de espacio-tiempo. Me doy cuenta que los días están hechos de fuego, y sea cual sea el día en el que amanezca, me queman. Y corro a sentarme a escribir para apagar las brasas que se encienden en mi mente y en mi ser. Lance la pregunta al aire, tratando de aterrizar de la única forma que me encuentro. Escribiendo.

Me queman los abrazos pendientes.

Me quema la ansiedad de familias separadas.

Me quema la distancia que nos separa.

Me quema la incertidumbre económica y laboral .

Me quema la poca visión al futuro.

Me quema el Gobierno, me incendia su falta de criterio y sus absurdos.

Me quema mi eterno sentimiento de culpa como madre. Me quema pensar que nunca hago lo suficiente.

Me quema que termine el día desgastada, intolerante y muy cercana al lado oscuro.

El Fin.

Antes de terminar este post pregunte que día era hoy. Me dijeron que Miércoles. Pero después de este acto de desahogo, me sabe a Viernes, y me sabe a lluvia cayendo sobre mi.

Gracias por Leer.

Sara

 

El 9 de Marzo. La hibernación del cromosoma XX

Hace unas semanas empecé a leer el libro Bellas Durmientes de Stephen King. El prólogo te invita a reflexionar, ¿Qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? Y con esa frase entre a esta distopía feminista que me mantiene al filo de mis pensamientos.  ¿Qué pasaría si no estuviéramos? Si entraramos en un sueño profundo, en una especie de hibernación únicamente del cromosoma XX.

Días después de que empecé el libro, nació la convocatoria al Paro del 9 de Marzo. Llegó el hartazgo. Pero antes de eso, mucho antes de eso, llegaron las muertes, los secuestros, las violaciones, las desapariciones, las violencia de genero. Las familias mutiladas. Y entonces iniciaron las protestas, y da igual si han sido pacíficas tomadas de las manos, o si en el camino hemos rayado monumentos y destruido objetos, da igual porque  todo ha sido válido ante los ojos de una madre que perdió a su hija, a la cual apenas pudo reconocer porque fue salvajemente asesinada: por ser niña, por ser joven, por ser independiente, por salir de noche, por ir a la escuela, por ir al trabajo, por ir a correr, por tomar un taxi, por encontrarse con sus amigas, por decir que no, fue asesinada por ser Mujer.

Se convocó entonces a no movernos, un día, solo un día, en estado de hibernación, nosotras, las del cromosoma XX, porque esta lucha nos pertenece. Pero al contrario del libro Bellas Durmientes, estamos más despiertas que nunca, más presentes que siempre. Estamos construyendo un capítulo, y vamos a escribir en roca que no estamos dispuestas a vivir con miedo. Estamos gritando con fuerza, porque estos días hemos revivido y compartido todas las veces que hemos sido quebrantadas.  Estamos despiertas y hasta la madre de vivir así. El 9 de Marzo decimos BASTA en silencio en nuestras casas, pero es un silencio  que hará eco en nuestro país.

Sara.